~ Vampire Knight: Academia Cross ~
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    Mensaje por Yuuki Cross Sáb Sep 07, 2013 1:11 pm

    La tumba se encuentra en lo alto de una colina, que da lugar a un gran acantilado y desde el que se puede ver el pueblo. Está a una gran altitud y suele haber grandes ráfagas de viento.
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    Mensaje por Fraiah B. Eslin Sáb Sep 07, 2013 8:25 pm

    ¿Cómo puede ser la sangre nuestra salvación y mitigar el dolor?
    No puedo justificar, de ningún modo, el derramamiento de su sangre.

    ~♫~
    Tumba de Nokku Damaru Mj1g1l


    Fraiah caminó y caminó. Con su enorme vestido negro -propicio para la ocasión- ascendió el sendero que llevaba hacia la tumba del ser amado. En la cima de aquella colina podría descansar en paz. Su corazón, el cual ahora ella sostenía entre sus manos, se conservaría allí por la eternidad. Aquel cristal no permitiría que se dañara o que cayera en la miseria de la descomposición.

    Como si la joven hubiera sabido, de algún modo, que tal catástrofe caería sobre sus almas, había ido a aquella fiesta con ropajes de tal oscura tonalidad. Aún llevaba aquel colgante rojo, aquellos guantes negros y el cabello recogido en un elegante peinado. La única diferencia es que ella se encontraba repleta de sangre. Su vientre estaba completamente húmedo y oscurecido por la presencia de una herida que cicatrizó gracias a Bella hace poco. Además, también la sangre de Nokku decoraba su perfecta figura de ángel caído. De aquel modo, dando pasos tenues, Fraiah llegó hasta la cima. Una vez allí, suspiró y miró al cielo. El aire matutino la rodeaba y provocó que su cabello ondeara. Una fuerte ráfaga fue la causante de que su peinado acabara deshaciéndose por completo, permitiendo que el cabello castaño de la joven se alborotara a su alrededor.

    Tras unos momentos, bajó la mirada hasta el corazón noble que portaban sus manos. "Nokku..." pensó, cerrando los ojos y una lágrima cayó sobre el cristal que lo envolvía. Comenzó a caminar, entonces, hasta llegar al Panteón. Abrió la puerta e ingresó. La cerró tras ella y suspiró. El aire allí dentro era tan frío... pero tan reconfortante. La joven, armándose de valor, caminó hasta el pequeño cofre que yacía vacío. Lo abrió con cuidado. Era un cofre de plata con decorados de oro. El metal era tan gélido... Fraiah introdujo el corazón cristalizado y, sobre este, colocó un pequeño pero pomposo ramo de flores violetas y azules. Traer rosas rojas sería muy ordinario. Aunque a ella le encantaban, no quería para Nokku algo tan usual. Quería para él colores que lo identificasen, y nada mejor que aquella intensa combinación entre el intenso azul y el oscuro púrpura.

    Cerró los ojos. No podía despedirse. No podía cerrar aquel cofre y, simplemente, olvidarlo...
    - Nokku, ¿por qué no me permitiste ir contigo? Yo.. yo en verdad quiero permanecer a tu lado -susurró. Sus ojos se empañaron y las lágrimas comenzaron a surgir sin poder evitarlo-. Dame fuerzas para enfrentar la verdad. Esto es... Esto es tan doloroso, mi amor -murmuró entre sollozos. Los dedos de su mano se tensaron y, en un arrebato de fuerza y determinación, cerró el cofre. Las rosas que quedaron dentro, pronto se marchitarían, pero su corazón jamás lo haría.

    Fraiah elevó el mentón y miró el techo del lugar. Sus sollozos podían oírse con claridad desde el exterior, hasta que se fueron apagando y, paulatinamente, se transformaron en un llanto silencioso.
    - Por qué, Nokku... Solo dime por qué... -dijo al viento, sabiendo que nadie más podría oírla allí. Fraiah se había quedado con una de aquellas flores entre sus manos, la cual quería depositar en un pequeño florero que había junto al cofre. La flor era una rosa, una rosa roja. Sonrió levemente ante la ironía y la contradicción. Una parte de ella también iba a quedarse allí, ¿y qué mejor forma de representarlo que con aquel color rojo que tanto amaba y odiaba? La chica elevó su mano para dirigirla hasta dicho objeto, pero no pudo alcanzar su objetivo. La energía y la voluntad que Ziel y Bella le habían otorgado, ya se estaba desvaneciendo. Fraiah dio unos pequeños pasos hacia adelante, pero no consiguió su objetivo. Acabó por caer al suelo, delicada y melancólicamente. El frío mármol del lugar no tardó en congelar sus hombros descubiertos y sus pálidas mejillas. Su cabello, extendido y algo revuelto sobre la superficie blanca e impoluta, adornaba tétricamente el lugar. Fraiah había quedado inconsciente, otra vez. Quizás ahora, podría soñar con Él. La rosa cayó junto con su mano sobre su pecho y, de aquel modo, Fraiah Blade Eslin permaneció. El viento que ingresó por la puerta de entrada acabó por cerrarla debido a la fuerte corriente de aire. El mundo dentro de aquel cuarto se volvió del color de las tinieblas...


    ¿Es un pecado buscar la verdad bajo la rosa?
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    Mensaje por Jack Wintersnow Sáb Sep 07, 2013 10:23 pm

    Me dijeron que el había muerto, pero ¿Cómo creer las palabras de esos forasteros? Mi hermano era invencible, imbatible, era tan genial: siempre tan serio y dando lecciones cuando había que darlas y siendo amistoso y agradable cuando Jack lo necesitaba. Agite la cabeza un poco, de un lado a otro, todavía incrédulo ¿Qué estúpido ser querría acabar con la vida de una persona tan... carismática? Maldije para mi interior mientras caminaba, rápido y algo perdido por el lugar. Me habían dado unas pautas para orientarme pero, sinceramente, la orientación nunca había sido lo mio, eso era cosa de Nokku, Jack era de esos despreocupados que solo pelean cuando es necesario. Claro que el lobezno de su hermano era un animal indomable, sacaba a relucir sus colmillos con cada oportunidad que le daban, así era como el se expresaba, como las palabras no eran lo suyo pensaba que con los puños haría entender a la gente su forma de pensar. Esa faceta de Nokku era realmente graciosa e infantil, algo que divertía enormemente a Jack.

    El ambiente estaba cargado, el aire era tenso y las nubes tenían un color muy oscuro. Era un día precioso.
    Estaba en los exteriores de la academia, vale, los datos que me habían dado no eran del todo precisos, los exteriores de esa academia eran realmente grandes. Fruncí el ceño, metí las manos en los bolsillos y seguí buscando. Pocas cosas odiaba más que perderme.

    Pero de repente el olor de la sangre llegó hasta mi gracias a las fuertes ráfagas de viento del lugar. Eso no significaba que iba a encontrar la tumba de Nokku, pero la sangre siempre era peligrosa cuando se encontraba fuera de su recipiente y, de todos modos, debía ir, no había asunto más importante que ayudar a alguien en peligro. Eso sonó a héroe de fantasía infantil, pero era mi realidad... no quería que nadie tuviera que pasar por el calvario por el que tuvimos que pasar Nokku y yo. No lo permitiría... aunque eso sonó estúpido esta vez, porque ¿Y si ya era tarde? No, que más daba, tarde o temprano Jack acudiría a la llamada de aquel suculento manjar para vampiros hambrientos, aquella sangre que tanto olía.

    Y para mi sorpresa lo único que encontré fue a un grupo de niveles E más estúpidos de lo normal. Estaban más abobaliconados de lo normal ¿A qué se debía? Empujé a uno con la mano y observé que el vampiro seguía mirando hacia un punto fijo sin prestarme atención. Se trataba de... la tumba. Reprimí darme una bofetada a mi mismo por no haberme dado cuenta antes. Entonces... si ese era el lugar en el que descansaba mi hermano... no quería que estuviera todo plagado de vampiros.


    Fuera de aquí... ¡Ahora!

    Grité agitando mi brazo. Aquellas amenazantes palabras llenas de poder fueron suficientes para alejar a los vampiros. Estúpida escoria ¿Cómo se atrevían a mancillar el nombre de Nokku de esa manera? "LOS VAMPIROS NO DEBERÍAN ATREVERSE A ACERCARSE A POR LO MENOS UN KILÓMETRO" pensé enfadadísimo mientras me aseguraba de que todos habían abandonado el lugar. Me tranquilicé rápidamente, solo era un ataque de ira fingido, ni siquiera sabía porque me dejaba llevar por mi mismo. La sangre... el olor de esa sangre, parándome a pensarlo, era muy parecido al olor de la sangre de Nokku, pero estaba mezclada con algo más. Bueno, no importaba, no era difícil que la sangre se mezcle con otros aromas una vez se ha secado.

    Suspiré y dejé que un vació, una herida, un hueco se abriera en mi alma cuando por fin comprendí que era cierto, que Nokku había fallecido. Había abierto la gran puerta del mausoleo y la imagen del sarcófago de plata hizo que todo mi ser se partiera en dos. Mi hermano, maestro, mi único amigo. "EL ERA EL ÚNICO QUE SABÍA POR LO QUE HE TENIDO QUE PASAR" Me dije a mi mismo mientras avanzaba a pasos cortos hacia aquella tumba. Unas sinceras lágrimas surcaron mis mejillas. Me había prometido no llorar, sabía perfectamente que Nokku odiaba que la gente llorara por el, pero esto no podía evitarlo. Sentía que parte de mi se hubiera evaporado, pero seguía vivo, yo seguía vivo y no podía permitirme el lujo de caer al suelo. El nunca me lo hubiera permitido. Conseguí sonreír de nuevo... pero algo me llamó la atención ¡Una chica! Había una doncella tirada en el suelo junto a la tumba ¿Acaso se había quitado la vida al ver morir a Nokku? No, el no lo hubiera permitido ni muerto. Me acerqué corriendo a aquella mujer. Estaba tirada boca abajo así que la dí la vuelta y la cogí entre mis brazos, su cuerpo estaba muy pálido y ella se sentía muy fría, aunque su corazón seguía latiendo. A su lado descansaba una rosa roja... que mujer más misteriosa. Normalmente la gente traía flores para los difuntos, no para ellos mismos, sin embargo, sentí que esa chica no se había quedado esa rosa por simple capricho. Su rostro se veía muy triste, había estado llorando desconsoladamente.


    Él...Era muy importante para ti ¿Verdad?

    Susurré con una amarga sonrisa mientras peinaba un mechón rebelde de su cabello. Era una mujer hermosa, pero no me podía quedar ahí contemplándola, la pobre se pondría enferme, o algo peor, si seguía expuesta a esas temperaturas. Rápidamente me quite mi traje. Era el que más me gustaba, tenía unos preciosos tonos verdes y amarillos. Conocía a Nok y sabía que a él le hubiera encantado que viniera con eso en vez de venir de negro, como solían hacer todos. Tampoco me importó que las manchas de sangre de la chica ensuciaran aquel verde y aquel bordeado blanco de mi traje ¿Acaso algo de eso tenía importancia en realidad?
    Un frió monstruoso recorrió toda mi columna, ahora solo estaba tapado por un ligero camisón que dejaba pasar al viento como si no llevar puesto nada encima. Maldición, no debía dejar la puerta abierta.
    Apreté el cuerpo de la muchacha contra el mio para que no cogiera más frió y me levante. Miré a Nokku de nuevo, o a su tumba.


    Veo... que te has ganado unos verdaderos amigos aquí... no sabes cuanto me alegro de que pudieras conseguirlo, tu ansiada familia... no te preocupes, yo... los protegeré a todos ahora por ti, sin importar si ellos me aceptan o no... que estúpido, que cosas más tristes digo jajajaja, solo sonreiré como tú me enseñaste a hacerlo ¿si?

    Finalice mientras me daba la vuelta con la conciencia mucho más tranquila. Di unos pasos y el frió se convirtió en frescor. Adoraba el frescor, te hacía sentir muy vivo.

    Ah... y no te preocupes, iré a visitarte cuando pueda... tu solo... sigue ofreciéndonos a todos tu voluntad.

    Crucé la puerta con la chica misteriosa en brazos y una ráfaga de viento helado me hizo abrir los ojos intensamente. Eso no se sentía nada bien. Abracé aun más a aquella pequeña chica, al menos pequeña en estatura, porque calculaba que más a o menos tendría la misma edad que yo.
    Yo no tenía esa habilidad de Nokku para desplazarme a la maldita velocidad del viento. No sabía como controlar mi estúpido y caprichoso poder, así que tuve que enfrentarme a los elementos como lo haría cualquier otro humano desprotegido, caminando y aguantándose. La llevaría a algún lugar seguro y cálido. Y ¿Qué mejor lugar que... ese? Pensé,  antes de poder marcharme a paso de tortuga de la tumba de Nokku. "Como se nota que el viento vivía en ti hermano, parece como si ahora lo hubieras liberado todo de golpe... así que, aun si es este viento congela mis huesos no me importa, porque se que los congelará con el cálido amor de un viejo amigo.... solo bromeo jajaja, ya sabes que soy un poeta sin remedio, no dejaré que nada nos pase ni a mi ni a esta chica, lo juro"
    Mi imagen se desvaneció portando el cuerpo de aquella grácil dama.
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    Mensaje por Evan Darkness Sáb Sep 07, 2013 11:47 pm

    Una senda larga, escondida entre árboles que reflejaban, ensombrecidas, todas las hojas de los mismos. Esa era la imagen que veía Evan bajo sus pies, como manchas que se iban apoderando del suelo y que se movían con el mecer del fuerte viento sobre las copas de los árboles. El cielo, aunque ligeramente encapotado por oscuras nubes, dejaba pasar una gran cantidad de luz. Era tal el contraste y el efecto de la luz atravesando esas nubes, que resultaba hipnotizante y admirable, incluso tal vez, cristalino.

    Evan caminaba lentamente por dicha senda. Se formaba una pendiente y cada vez se hacia más costosa la ascensión. Según un caminante que se había encontrado hacía una hora, le había comentado que una chica de pequeña estatura había subido ella sola hasta la cima de la colina. Portaba algo a lo que se aferraba con fuerza, como si fuera su tesoro más preciado. Vestida de negro y ligeramente ensangrentada. Esa no podía ser otra que Fraiah. ¿Qué llevaba? Él no lo sabía, pero debía de ser "suyo".

    Portaba su espada. La había envuelto en una funda negra de lino, adornada con una linea dorada que estaba bordada en la propia superficie. La agarraba con la mano justo por debajo de la empuñadura. El viento hacia que tanto su gabardina, como su pelo se movieran salvajemente. Tendía a sujetarse el faldón de la gabardina, pero era inútil, como el quitarse el pelo de la cara.

    Incluso tras a ver pasado ya un día tras la muerte de Nokku, no podía parar de recordar su último momento. Como se desvanecía, su sonrisa... Cerraba sus ojos, intentando pensar en otra cosa y solo podía verle a él... y a Vladimir. Lo atravesaba y lanzaba su corazón robado con fuerza. Abría sus ojos y desaparecían esas cruentas imágenes. Los cerraba y volvían a aparecer. Tal vez eso se debía a que sentía culpa. ¿Culpa? No podía intervenir... si intervenía, ¿qué sería de su orgullo?

    Su orgullo habría sido tocado, pero ahora podría seguir vivo.

    Genial, ahora el maldito Astrid aparecía cuando le dala gana. Desde esa noche, parecía que Evan se había debilitado y su poseído lo podía interrumpir cuando se le antojara. De vez en cuando no le importaba, pero constantemente...

    Vamos a ver, estúpido vampiro. Este cuerpo tiene una conciencia y esa no eres tú. Así que, cierra el P-U-T-O pico. ¿Esta claro?-decía incluso en alto. No le importaba, pues no había nadie a su alrededor.

    Pero incluso poniéndose violento con alguien que se encontraba dentro de si mismo, no era capaz de hacerlo callar. Estuvo dándole la tabarra durante durante todo el trayecto. Que si era su culpa que estuviera muerto, que él lo podría haber salvado de esa muerte, que podría haber evitado la intensa y profunda tristeza que inundaba el corazón de Fraiah y el de todos sus amigos... Si hubiera hecho eso... no me lo perdonaría jamás. Es cierto, no sería capaz. Tal vez fuera un alma del más allá con el único fin de sobrevivir y acabar con el dueño de un ser vivo, pero con el tiempo, había sido capaz de entender esa clase de sentimientos. La grieta que deja el orgullo roto, no era una herida que se cerrara con facilidad...

    Había llegado a la cima. Ante él había un precipicio muy alto y a su derecha, la capilla de Nokku, escondida entre los árboles. Iba a acercarse al acantilado a disfrutar de las lejanas vistas que ofrecía, pero Nokku era más importante. Se acercó a las puertas y las empujó lentamente. El sonido de las bisagras inundó la blanquecina capilla. No era grande para nada. Pero si muy limpia e impoluta. Y ante él, el sarcófago plateado. Las ventanas eran atravesadas por las luces del Sol y se reflejaban su en la plata, dejando admirar los detalles abstractos con cierto brillo que lo hacía lo más hermoso, pero a la vez, lo más triste que había visto en su vida. Ni siquiera el pasado de Astrid que había presenciado como si el estuviera ahí le había causado tanta impresión como esto.

    Tras haber cerrado las puertas, se acercó al limite de la capilla y observó lo que había enfrente. Un cofre de plata precioso. Estaba cerrado pero no con llave. Iba a abrirlo. Y estaban sus manos sobre él, iba a elevar su tapa... pero... la dejo estar. Si era algo tan importante como para ponerse aquí, no debía mancillarlo. Así que, lo dejó estar y dio varios pasos hacia atrás y observó toda la pared adornada de  florituras religiosas o algo así. Ciertamente, el no sabía mucho sobre esas cosas.

    ¿Qué tal, Nokku?-decidió hablarlo.

    Era partidario de que no era hombre de muchas palabras. Eso de mostrar sentimientos y esas mierdas no iba con él, pero tal vez se había... sensibilizado. Aun quería decir más cosas. Quería preguntarle si había sido su culpa el que ahora estuviera muerto. Gracias a él, estaba a punto de resolver su primera incógnita, ¿los amigos de Nokku eran sus amigos? A decir verdad, aun lo dudaba, pero quería encontrar su propia respuesta y parte del camino le había sido revelado. Pero ahora, cargaba con otro remordimiento.

    ¿Había provocado él la tristeza de todos al dejar morir a su compañero?

    Le era duro pensar en eso. Así que decidió ocultarlo en su corazón. Había hueco de sobra para los sentimientos y los remordimientos... que lo abordaban.

    Siguió allí de pie sujetando aun su espada con ambas manos. Miraba hacia arriba y cerraba los ojos.

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    Mensaje por Jack Wintersnow Dom Sep 08, 2013 12:24 am

    Retomando el mismo camino que antes llegué sin problemas al mausoleo. Hacía un viento increíble y las hojas secas que se empezaban a amontonar sobre las bases de los árboles estaban volando libremente por todo el lugar. Era una imagen melancólica, preciosa a decir verdad. Aquel acantilado, aquel paisaje, el pueblo que se podía divisar desde ahí, todo era perfecto.

    Había dejado a la chica dormida y no me preocupé más por ella, el frío me templó por el camino y el viento me calmó, como la canción de cuna de una madre. Sentía otra presencia, ahora estaba atento ¿Quién sería esta vez? ¿Alguna otra muchacha, o algún querido amigo de Nokku? Para comprobarlo solo tenía que entrar y verlo así que no esperé más, estaba ansioso por volver a sentir la calidez que desprendía la cercanía de la tumba de mi hermano, era como si a pesar del frió tu cuerpo se sintiera libido y tranquilo, algo realmente difícil de explicar si nunca lo has experimentado.

    Empujé las puertas con gentileza, no quería que chirriaran. Me adentré dos pasos y observé a un chico enfrente de la tumba de mi hermano. Se miraba también triste, aun de espaldas. ¿Acaso ninguno de esos idiotas podía comprender que Nokku solo los quería ver sonreír? Bueno... no había que ser rudo con ellos, habían sufrido una perdida muy grande, no podía culparlos si decidían llorar, quejarse, patalear o entristecerse sin más, incluso yo me descontrolé cuando me enteré de la noticia... de hecho... vale, soy el primero que se pasó una noche llorando como una niña al enterarme de eso. Ese era el poder de la presencia de Nokku, hacía que con su actitud directa y despreocupada se volviera rápidamente alguien importante para ti. "Ibas muy enserio con eso de darlo todo ¿Verdad hermano?" Suspiré  y me coloqué al lado de aquella oscura figura. No le miré, no sonreí, no me mostré consternado por la muerte siquiera. Al ver de reojo la cara de ese chico lo comprendí al instante. El se sentía culpable, algo había pasado en la batalla que lo incomodaba, algo le corroía por dentro. No me importaba si ese chico era en realidad un idiota o si se trataba de un psicópata asesino, ver esa cara me hacía daño, tenía que hacerle comprender mi forma de ver las cosas, o por lo menos esa era mi opinión, yo, por encima de todas las cosas estaba más que seguro de poder comprender los sentimientos de Damaru mejor que cualquiera de las personas que el hubiera conocido nunca, al fin y al cabo... su pasado solo les pertenecía a ellos, y ahora, solo me pertenecía a mi, tristemente. Cerré los ojos. En cualquier caso: tenía una pregunta que hacerle a aquel tipo si había visto la última lucha de Nokku.


    El no fue simplemente derrotado ¿Verdad?... Lo asesinaron... y tu estabas ahí

    Dije casi culpándolo de ello, pero quería que el chico escuchara mis palabras, aun si se sentía herido tenía que escucharme, creo... y me entendiera a la perfección cuando le hiciera la siguiente pregunta. Las facciones de mi rostro se relajaron, mostrando de nuevo ese semblante despreocupado.

    Dime... ¿Murió Nokku con una sonrisa en la cara? ¿Murió feliz?

    Y nada más terminar esa frase sentí como un nudo se formaba de nuevo en mi garganta. Yo había dado por hecho que Nokku había muerto de la mejor forma posible, pero ¿Y si no era así? ¿Y si había muerto entre tristes sollozos o gritos desgarrados de rabia? No... no quería ni imaginarme eso, pero la pregunta ya había sido formulada. Mi pulso se aceleró rápidamente y sentí que me faltaba aire, un incipiente brillo ámbar surgía de mi iris de una forma tan sutil que ninguno de los dos deberíamos siquiera notarlo.
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    Mensaje por Evan Darkness Dom Sep 08, 2013 12:06 pm

    Culpa... culpa... cada vez se hacía más intenso. ¿Por qué diablos sentía esa desdicha? Él no existía para sentir esas mierdas. Estaba para destruir cosas, arruinar la vida de los demás y hacer más longeva su vida. Nada más. Pero ahora... sentía pena, tristeza... todas esas chorradas que sentían los humanos. No quería aceptarlo. Él era una sombra, no un humano, ni siquiera un vampiro. Acaso... ¿se estaba convirtiendo en uno de ellos?

    Eso es, mi querido invasor.

    Sus ojos se abrieron de par en par. Esas palabras le deshacían. Le consumían el alma. Astrid, aquel niñato entrometido, le estaba dando una lección. La batalla por la posesión de su cuerpo había vuelto a despertar y Evan... la iba perdiendo. Astrid podría volver a resurgir de sus propias cenizas, como tal fenix y devorar al actual dueño. Por supuesto, eso era algo inconcebible. Debía mantener el puesto como fuera y extirparse a ese parásito.

    ¡¡Calla, maldito crío!! ¡¡Soy yo el dueño!! ¡¡Yo mando aquí!! ¡¡Y jamás... JAMÁS... me convertiré en uno de ellos...!!
    Entonces está claro que no eres su amigo. Ni podrías atreverte a decir que es tu eterno rival.

    Evan entró en furía. Deseaba que se callara. Tenía que controlarlo. Joder, esto es igual a cuando era yo el que intentaba dominarlo... Se soltó un fortísimo puñetazo en la cara. Hilos de sangre salieron despedidos, dejando una profunda grieta en su labio. Eso iba a dejar cicatriz. No era lo mismo que te diera un humano, que te diera un vampiro, y nada de eso era igual a darse así mismo. La herida no tardaría en regenerarse. Eso no era un problema. Eso había hecho calmar a Astrid, volviendo dejarlo en un estado de inconsciencia momentáneo, como antes de que muriera Nokku.

    Había un poco de sangre en el suelo. La observó un poco de reojo, y volvió a ascender la mirada hacia el sarcófago. Iba a estar ahí un rato más. El tiempo que él considerara necesario. En ese tiempo, alguien desconocido apareció en la capilla. La energía rebosaba en él. Y en cierto modo, le resultaba familiar. ¿Nokku...? Pero no quiso inmutarse. Además, aun andaba cabreado por Astrid y debía evitar que nadie supiera sobre el tema. Eso haría que le vieran como un débil, y eso no podría soportarlo. El nuevo individuo se puso a su lado. Con solo mirarlo de reojo, observaba que era un poco más alto que él. Pero cuando el estaba absorto en esas cosas este le formuló una pregunta, una pregunta a la que prefirió no contestar. Tal vez pensó que no se merecía esa contestación o que simplemente, se contestara con el silencio. Pero su segunda pregunta si que merecía una respuesta.

    Él... murió siendo el que era. Jamás abandonó su alma... Cuando... las puertas del infierno se le pusieron delante y se abrieron, el no quiso cerrarlas. Jamás... jamás negó su muerte y la acepto... como tal.-terminó de hablar. Aun ne le miraba a la cara.

    Dices todo eso... eso es porque eres como nosotros...

    Evan, tras escuchar esas palabras, apretó con muchísima fuerza la hoja que estaba entre sus manos. Cerró los ojos con bastante fuerza, como si ese fuera su forma de desahogarse. Estaba muy enfadado, pero no iba a aparentarlo y lo lograba. Era más fácil de lo que creía. Sin embargo, eso que había percibido en este chico... sin duda le recordaba a Nokku, ¿tendría algo que ver con él?

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    Mensaje por Jack Wintersnow Dom Sep 08, 2013 2:38 pm

    Mi rostro se ilumino. Eso era tan genial. "Tu muerte no será en vano hermano, no dejaré que NADIE pueda decir eso"  Apoyé una mano sobre su tumba, aquel acero se sentía muy frío... igual de frío que el temporal que siempre rodeo nuestro corazón, pero nosotros... nunca nos congelamos del todo ¿Verdad? Sentí una calidez extraña recorriendo mi brazo, una calidez que me hizo quedarme impresionado al mismo tiempo que entreabría la boca incrédulo... si, definitivamente el seguía ahí. El verde de mis ojos se ilumino y un brillo ámbar recorrió mis iris, como un ente caprichoso. Un segundo más tarde se apagó y comprendí lo que había pasado. No necesitaba explicación.  Sonreí de nuevo.

    Y dime... si se me permite saberlo ¿Por qué tienes su espada?

    Solté repentinamente girándome hacia el chico. Reconocería la forma de esa espada en cualquier lugar, era única. El la llevaba tapada, pero se podía adivinar perfectamente que era la espada de Nokku... su prácticamente indestructible e inoxidable instrumento de justicia. Aún recordaba lo feliz que el estuvo cuando consiguió que le forjaran esa cosa. Era demasiado grande para que la cargase una persona normal y demasiado extravagante como para encontrar una igual, había sido creada especialmente para Nokku. Tal vez el muchacho pretendía simplemente dejarla junto a su dueño. Tal vez había sido demasiado impertinente haciendo esa clase de preguntas, pero me picaba mucho la curiosidad.

    Las palabras de ese hombre... por fin las había comprendido del todo. El no era un amigo simplemente o un compañero de mi hermano. Esas palabras eran las de un digno rival y su tristeza.... su tristeza provenía del simple hecho de que en el fondo no había sido el la persona que acabó con Nokku. Ver como asesinan a tu rival y no hacer nada para impedirlo... eso debía ser muy duro, debía de estar deshaciéndose por dentro. Su vació debía de ser muy diferente al que crea la perdida de un amigo, parte de su orgullo también había sido tocado. El pacto que se establece entre dos personas que compiten una con la otra es algo muy profundo y silencioso. El seguramente ni se hubiera dado cuenta de lo que estaba perdiendo hasta que mi hermano acabó por morir. Bueno, de cualquier forma... podría estar precipitándome mucho, la única información que disponía de ese personaje era su aspecto y unas pocas palabras que intercambie con el ¿Cómo iba a saber si el realmente se sentía así?


    Je...

    Solté una risa apagada y ácida que resonó en todo el salón. Yo sería su nuevo rival. Eso era lo que buscaba ese chico ¿No? Además, a mi me desagradaban las personas como el, tan cerradas, tan amargas, personas que se acercan a otras personas pero sin embargo permanecen en las sombras, pensando que sus problemas eran solo suyos, lo podía ver en sus ojos, era un tipo solitario. Yo odiaba a los tipos que son solitarios por decisión propia, esa clase de personas casi nunca  saben lo que es la soledad en realidad y en la mayoría de los casos no saben apreciar la compañía de gente que podría quererlos ¿Sería así aquel chico? Desvié la mirada ligeramente... ya me estaba buscando enemistades sin razones algunas, no tenía derecho de juzgar a ese muchacho.

    Y otro recuerdo invadió mi mente, este era muy fresco. Unas líneas de preocupación volvieron a asolar mi rostro mientras apartaba la mirada de aquel chico y me cruzaba de brazos. Una gota de sudor frió surco mi cara e intenté sonreír, inútilmente "Esto... le sobe el trasero sin querer a... tu amiga " Una ráfaga de viento despeinó mi cabello y cerré los ojos, como asustado "Puedo explicarlo, puedo explicarlo, me dormí y pensé... que era una almohada" En cuanto lo pensé me di cuenta de que esa excusa era realmente ridícula, no había forma de que eso colase. Pero sentí como el viento vibraba, era como si se estuviera riendo. Suspiré, me había librado, por los pelos.

    Y regresando al tema del hombre que estaba a mi lado... ¿Qué más daba si hacía un par de rivalidades por aquí y por allá? Eso sería divertido y además "Un hombre que no tiene enemigos es porque o es un cobarde.. o es algo mucho peor" Volví a mirar al chico de negro una vez que mi semblante volvió a ser normal y esperé su respuesta.
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    Mensaje por Evan Darkness Dom Sep 08, 2013 7:51 pm

    Evan había recibido otra pregunta del nuevo en la capilla. ¿Acaso era una máquina de charlar? Tenía que estar hablando constantemente, ¿verdad? Pero bueno, no le quería dar importancia. Estaban en la tumba de Nokku. No iba a cabrearse por una tontería así. Un poco más y explotaría. Porque claro, Astrid seguía ahí molestando. Este tio, sin conocerlo si quiera ya es mejor amigo de Nokku que tú. Y sin parar. Estaba claro que deseaba sacarme de quicio, pero caer ante sus palabras era sinónimo de caer ante su juego. Por encima de todo, Evan no quería ser relevado de su cuerpo y menos ahora, que disfrutaba enormemente de poder caminar libremente por donde se le antojaba

    No iba a dejar su herramienta ahí tirada. Tenía que volver a su dueño.-respondió con algo de frialdad.

    En ese momento, Evan decidió mirarlo a la cara. Giró un poco la cabeza y lo observó elevando un poco la cabeza debido a su altura. Era rubio y vestía un verde algo chillón. Aun se extrañaba a que se debía que sintiera algo de Nokku en él. ¿Un amigo tal vez? ¿Alguien más profundo? Y de repente, soltó una leve risa. ¿A qué coño viene eso? La primera imagen que daba este tío no le estaba agradando demasiado. Venía como si nada, sin presentarse en absoluto... Ardía en deseos de saber quien era. No podía evitar hacer la pregunta:

    Y... ¿tú eres...?-preguntó con la misma expresión fría y desagradable. Se retiraba el pelo de la cara sutilmente.

    Se quedaba mirándolo detenidamente. Tampoco es que quisiera intimidarlo, pero... era un desconocido para él y los desconocidos podían hacer cualquier cosa. Eran prácticamente impredecibles. Lo que estaba claro, era que si estaba ahí, tenía que ser por una razón. Debía de conocerlo, debía conocer a Nokku. Probablemente no lo conociera nadie más de por aquí. Ni Kasha, ni Yagari... probablemente, ni lo conociera Fraiah... ¿Quién diablos sería?
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    Mensaje por Jack Wintersnow Dom Sep 08, 2013 9:12 pm

    El chico me miró de forma fría y calculadora. Era algo borde y su respuesta lo demostró. A pesar de haber respondido a mi pregunta tuve la sensación de que en realidad no me había dicho nada. Suspire "Bueno, ahora me toca conocer todo este pueblo, estoy seguro de que conseguiré encontrarle el atractivo que nadie más puede ver ¿No crees?" Pensé mientras me disponía a marcharme. Estaba todo dicho, todo había quedado tranquilo. Me había conseguido informar de que la muerte de Nokku fue completamente pafícica, quiero decir, al menos para el, estaba claro que eso había sido un asesinato, quienquiera que fuese el bastardo que lo mató lo pagaría caro.
    Me di la vuelta, dispuesto a irme, pero aquel chico me planteo una pregunta. Quería saber quien era yo. Podría decírselo, podría contarle todo, pero el no quería compartir mucha información conmigo tampoco ¿No? Y de todos modos no necesitaba decirle quien era, tampoco quería que la gente le comparara con su hermano o que simplemente pensara que era como el, eso sería del todo inaceptable, tenía que ganarse su propio nombre. Dí dos pasos y me paré, como pensando mi respuesta. Segundos más tarde simplemente me giré con una sonrisa hacia aquel muchacho.


    Simplemente Jack...

    Dije antes de voltearme de nuevo e irme de ahí. Tenía que hacer muchas cosas, como por ejemplo ir a tomar algo, me estaba muriendo de hambre. Una ráfaga de viento me despeino de nuevo cuando abría las puertas y tras cerrarlas sentí que el viento me calaba hasta los huesos.  Fingí una sonrisa, evidentemente molesto por aquel tiempo y empecé a caminar hacia el pueblo. Si, definitivamente había un mar de cosas que hacer ¿Cuándo subiría al puesto de presidente de la asociación? Más  tarde, si, más tarde, todavía tenía que acostumbrarse a todo y dejar que las cosas se calmaran un poco, no serviría de nada decirles a todos que el era el sucesor de Nokku.
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    Mensaje por Evan Darkness Dom Sep 08, 2013 11:08 pm

    Simplemente Jack

    Así dijo como respuesta a su pregunta. Suponía que lo podía llamar Jack, si diera el caso. El joven contestó a la vez que daba sus pasos para salir de la capilla. Cuando lo hizo, todo volvió a la normalidad. Volvía a estar solo. Pensaba en ello. Antes ni mencionaba mentalmente su soledad. Daba por hecho que eso no existía para él. Pero ahora... era posible que se estuviera haciendo humano. Estaba abandonando la inhumanidad... eso, en cierto aspecto, le aterraba.

    Ja Ja Ja. Te lo estoy diciendo... ah... pobre infeliz...

    Tenía razón. Empezaba a sentir las cosas negativas que los humanos sentían. Agh, no... Quiero ser el de antes... Pero empezaba a ser inevitable y la conversión era algo que ocurriría tarde o temprano.

    Cuando ya había pasado el tiempo suficiente en la capilla salió por la puerta y se arrimó al precipicio. Desde ahí se observaba todo el pueblo. Una imagen bastante bonita, incluso para alguien como Evan. Bajo sus pies había una gran caída. Podría ser mortal incluso para Evan, pero el riego merecía la pena. Era allí al borde del precipicio donde clavaría su espada, la hoja de Nokku. Elevó la espada y agarró de su gran funda negra. Lo pensó durante unos segundos y tras esa meditación tiró de la funda y voló con las corrientes de aire hacia el vacío. Empuño la espada. La observó. Miró como brillaba... todo lo que haría un forofo de las espadas. Y finalmente, ahí, al borde, la clavó. Fue con bastante fuerza. Apoyó la mano sobre la empuñadura durante unos instantes y se retiro, dando unos pasos hacia atrás.

    Es aquí donde descansarás a partir de ahora.-dijo como un susurro.

    Y cuando consideró que había mostrado los suficientes respetos hacia el difunto se marchó, bajando la senda que llevaba a donde fuera...
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    Mensaje por Thalia Stark Sáb Abr 19, 2014 3:22 pm

    Es de noche y está nublado, últimamente nunca duermo mas de dos horas, así que me voy a pasear por el bosque.
    Esta vez decido tomar una ruta diferente a la de siempre, acabo perdida cerca de un acantilado, empiezan a caer gotas de agua en mi cabeza:

    - Genial, ahora se pone a llover, esto no puede ir peor de lo que ya va

    Me pongo a buscar un sitio donde refugiarme y, después de diez minutos de búsqueda encuentro un mausoleo con una inscripción sobre la puerta.

    Aquí descansa Nokku Damaru

    Nunca me han gustado esta clase de sitios, pero si no quiero volver empapada a la academia tendré que pasar la noche aquí. Abro la puerta despacio y sin hacer ruido, me doy cuenta de que aquí hay mas gente a parte de mi, me escondo justo debajo de una estatua ruinosa.

    Las voces se escuchan cada vez mas fuertes. No sé si debería ir a ayudar, saldré cuando llegue el momento. Mientras tanto intentare no llamar demasiado la atención.
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    Mensaje por Rangiku Matsumoto Mar Abr 22, 2014 6:23 pm

    Dejé escapar de entre mis labios un suspiro cansado. Hacía un par de días que por fin me habían quitado los puntos del costado y de la espalda y, a pesar de las constantes negativas por parte de Shinji, ya podía realizar ciertos trabajos. Tal vez no pudiera entrenar con normalidad todavía ni ir a misiones como la que me había catapultado hacia aquel quirófano, pero sí podía ocuparme de un aviso de un simple Nivel E por los alrededores de la Academia. El pensar en la Academia hizo que se me revolviesen las tripas; todavía no había vuelto a las clases, y no quería pensar en todo lo que se me había acumulado y en la de preguntas y comentarios que tendría que soportar de mis compañeros. Por favor, que alguien les hubiera dicho que me habían operado de apendicitis o cualquier cosa así, o que había estado mala. No quería tener que aguantar un interrogatorio exigiendo todo tipo de detalles acerca de quién me había atacado y por qué; aquello sería mucha lata, tendría que inventarme algo y acordarme de lo dicho. Y no tenía ganas.

    El cazador aun no me había dejado el volver a mi lúgubre apartamento. Con una sonrisa, recordé todo lo que había pasado. Me había instalado en la habitación en la que se solía quedar la tía cuando iba, y ahora Shinji tenía excusa para decirle a la pobre mujer que no podía quedarse a dormir en la casa. La primera noche apenas pude conciliar el sueño. Tras dar unas cuentas vueltas en la cama, acabé encendiendo la lamparita de la mesilla de noche y me incorporé con un poco de cuidado, apoyando la espalda contra la cabecera de la cama. No sabía por qué no podía dormir. Miré de soslayo los dos peluches, los cuales había colocado, tras lavarlos del hospital, sobre la mesilla. El conejito parecía estar vivo, parecía querer saltar de un momento a otro, alegre, hiperactivo. El gatito miraba con seriedad, como a la defensiva ante todo aquello que osase mirarle demasiado. Sonreí al verlos. Me levanté y caminé hacia la ventana, abriéndola y dejando que entrase el aire helado que, irónicamente, me aliviaba a pesar del frío que hacía aun. Me quedé un rato así, en silencio, observando el cielo nocturno. Mi mente divagaba por muchos temas, pero no se detenía en ninguno en concreto. Lo que sí me sentía era algo sola; había pasado muchos días en los que había estado completamente acompañada, y el encontrarme de repente en una habitación completamente sola parecía chocarme, angustiarme. Apoyé los codos en el alféizar de la ventana, apoyando a su vez el mentón sobre mis manos. Dejé caer los párpados y me quedé así un rato, pensativa, casi nostálgica. Abrí los ojos, recordando a aquel hombre que me había disparado alegando que yo había matado a su hijo. Shinji aun no me había dejado investigar sobre el asunto, y no me había querido soltar palabra sobre aquello. Me resigné, consolándome en que, en cuanto volviese al edificio de la Asociación, podría buscar las respuestas que necesitaba. Acabé por cerrar la ventana, notando que había cogido algo de frío. Me metí de nuevo en la cama y me tapé hasta el pecho con las mantas, mirando distraídamente el techo. ¿Qué me pasaba? Me giré y me quedé tumbada de lado, encogida sobre mí misma.

    Y, entonces, como si alguien le hubiese avisado, uno golpecitos sonaron en mi puerta. Me incorporé y miré hacia ella, la cual dejó pasar la pequeña figura de Matarou. El pequeño se dirigió hacia mí, subiéndose a la cama y gateando hasta llegar a la almohada.- Onee-chan, ¿no puedes dormir?- Negué con la cabeza, sonriendo con cansancio. El pequeño se había sentado a mi lado, sobre sus rodillas, y me miraba expectante.- No tengo mucho sueño. ¿Y tú?- Lo miré, preguntándome si habría tenido alguna pesadilla. El pequeño negó vehementemente con la cabeza.- Venía a hacerte compañía.- Abrí mucho los ojos ante aquello, para acabar sonriendo, conmovida ante aquel gesto.- ¿No puedo quedarme?- Preguntó, mirándome con la misma mirada que tenía su padre. Sonreí a mi pesar, pensando en lo mucho que se parecían.- Está bien...Pero voy a apagar ya la luz, ¿eh? Tu padre nos mataría a ambos si nos viese despiertos a estas horas.- Contesté mientras esbozaba una sonrisa. Matarou sonrió, divirtiéndose ante la situación, y se metió bajo las mantas. Apagué la lamparita y me acurruqué mirando hacia la ventana, mientras sentía al pequeño removerse detrás mía.- Onee-chan, ¿te sabes algún cuento?- Me volví hacia él, pensativa, para acabar sonriendo y contándole su cuento; un cuento donde no hubiesen criaturas de la noche, donde se vivía en paz, donde la muerte no rondaba constantemente a las personas, donde todo tenía un final feliz.

    Qué extraño es el ser humano. Ansía la paz mientras va provocando guerras.

    En cuanto me hubieron quitado los puntos me sentí mucho mejor. No notaba aquella tirantez en el costado y en la espalda, además de que el ver aquellos hilos asomando por mi piel no era nada agradable. Aquella tarde, tras haberme duchado y haberle prometido a Shinji el no meterme en líos, salí por la tarde a buscar los regalos que quería hacer. Ya había visto algunas tiendas hacía tiempo, y ahora todas iban regresando a mi mente. Primero fui a comprarles algo a aquella familia que parecía ser la mía propia. Me encaminé a una pastelería que hacía tiempo que había visto, y salí de ella con una bandeja de dulces envueltos en papel y metidos dentro de una bolsa, quedando ésta bastante abultada. Luego me encaminé a por el regalo de Yagari. No se iría a pensar que iba a molestarse tanto y me iba a quedar tan tranquila, ¿no? Era una estupidez, pero no había podido evitar el fijarme en el hecho de que, desde que habíamos salido de aquel bosque del demonio, no llevaba su sombrero. Así que, ancha y pancha, salí de aquella tienda con otra caja metida en otra bolsa, portando dentro un sombrero casi igual al suyo. Por desgracia, cuando me pasé por la Asociación no estaba, o al menos eso me dijeron. Uno de los cazadores se me acercó, preguntándome qué quería y, cuando se lo expliqué y con una mirada escéptica, me dijo que él se encargaría de dárselo. Me sonaba aquel hombre de vista, pero, durante unos instantes, no supe qué hacer. Luego acabé por darle la bolsa, diciéndole que, por favor, se acordase de dársela de mi parte. Tal vez era mejor así; podría molestarle o entretenerle si estaba ocupado, cosa que era bastante frecuente. Salí de aquel edificio bajo la acostumbrada mirada de muchos de ellos, mirando de manera desaprobadora mi aspecto inofensivo, seguramente acentuado por aquella enorme bolsa de la pastelería. Que se aguantasen. Luego habría que ver quién tenía coraje (por no decir algo más vulgar) verdaderamente para plantarle cara a ciertas situaciones.

    Y así había transcurrido todo aquel tiempo. Días y días, que, claramente, habían sido muchísimo más agradables (y con mejor comida) que los que había pasado postrada en la cama del hospital.

    Aquella noche no llevaba a Kazeshini. Sabiendo que mi espalda podría resentirse, había optado por llevar un wakizashi de 50cm, atravesado en horizontal en la espalda, a la altura de la zona lumbar. Cómo no, una daga descansaba bien sujeta contra mi pierna, y dos kunais bajo mi chaqueta. Armas arrojadizas que no falten. Caminé por los terrenos de la Academia, en silencio, con expresión seria pero tranquila. Estaba pendiente de cada movimiento, de cada crujido que se escuchaba desde la arboleda, de cada sombra extraña que se cruzase. Al poco y para mi desagrado, comenzó a llover.- En serio...- Comenté, fastidiada. Corrí bajo la lluvia, buscando un lugar donde resguardarme antes de pillar una pulmonía. Llegué a lo que parecía un mausoleo. ¿Había algo así en los terrenos de una Academia? Entré sin pensarlo dos veces, agradeciendo el techo que permitía que la lluvia dejase de empaparme la cabeza y calarme los huesos. Sacudí un poco la cabeza y me pasé los dedos por el pelo, casi completamente empapado. Lo que me faltaba ahora era pillar un resfriado. Me adentré un poco más en el mausoleo, caminando ligera pero sin hacer ruido. Alcé los párpados, sorprendida, cuando vi la inscripción con el nombre de la persona que allí reposaba.

    Retiré el wakizashi de mi espalda para poder quitarme la chaqueta, volviendo a colocarlo en su sitio cuanto lo hice. Con respeto, me acerqué a aquel pequeño baúl que contenía lo que quedaba del antiguo jefe de la Asociación. Unos minutos transcurrieron en silencio hasta que me decidí a persignarme y buscar un lugar donde sentarme. ¿Qué podía decirle? Si hubiese sabido que aquel lugar se encontraba allí, me habría acercado con alguna flor o algo. Sin embargo, a pesar de mi intención de buscar asiento, me quedé en el sitio y cerré los ojos, como si estuviera rezando interiormente. Se escuchaba la lluvia caer sobre el techo de aquel pequeño edificio, las ramas de los árboles crujir por el viento, escuchaba mi propia respiración, calmada... Y, a parte, la respiración de alguien más, agitada. Alcé los párpados con calma, aunque ya tenía todo el cuerpo en tensión. No estaba sola allí. Giré la vista hacia el lugar de donde me parecía que provenía aquella respiración. ¿Una estatua? Con paso firme pero calmo me acerqué a la estatua, quedándome a unos tres metros de distancia, prudente. Miré hacia abajo y encontré unos pies que asomaban de aquel improvisado escondite. Fruncí el ceño; no, no parecía el Nivel E a por el cual me habían mandado. Dudaba que uno de esos se escondiese así. Pero, ¿quién se escondería así en un sitio como aquel? Parecía una figura no muy corpulenta, más bien todo lo contrario. ¿Algún alumno de la Academia? Me acerqué un par de pasos, aun quedándome a una prudente distancia. Coloqué los brazos en jarras y me dirigí a mi inesperado acompañante.- Oye, te estoy viendo.- Le dije, tratando de no sonar brusca. Fuese quien fuese parecía estar asustado por algo.- Puedes salir, no muerdo.- Dije, sonriendo levemente, pero sin confiarme demasiado.
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    Mensaje por Thalia Stark Mar Abr 22, 2014 7:10 pm

    -Hey, te estoy viendo
    Dice la voz detrás de mi, me levanto y miro el sitio donde estaba sentada y veo que esta un poco congelado, pero me centro en la visitante de cabello corto y ojos purpura que hay delante de mi. Me suena bastante, creo que la he visto por la academia alguna vez de refilón
    -Uff, solo eres una humana
    -¿Y crees que no soy peligrosa?
    Me mira con una cara aparentemente dulce... tendría que haberme callado el ''una simple humana'' creo que no le a hecho mucha gracia.
    -Lo siento, es que me había asustado, creía que había alguien peligroso o algo, por cierto, ¿Que haces aquí?
    Alza la vista y suelta una diminuta carcajada, se gira hacia una minúscula ventana y se percata de que sigue lloviendo
    -La lluvia me ha pillado de repente, pero yo podría preguntarte lo mismo a ti
    -Lo mismo... la lluvia es cada vez mas fuerte

    Nunca me ha gustado la lluvia, siempre la he odiado...
    Recuerdo que cuando era pequeña tenia mucho miedo a los relámpagos, daba igual que yo tuviera miedo o me pasara toda la noche llorando. Nadie acudía a ayudarme, ni mi padre, ni mis hermanos, Siempre estaba encerrada, todos decían que era para que no dañara a nadie.
    Pero un dia encontré una foto de mi madre cuando tenia mi edad, y descubrí que, éramos iguales, igual esa es la autentica razón. Me parecia tanto a ella que mi padre no quería ni verme, pues le recordaba demasiado a ella. Miro a la chica, y casi se me olvida que hay algo llamado nombre:

    - Por cierto, soy Thalia ¿Como te llamas tu?
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    Mensaje por Rangiku Matsumoto Jue Abr 24, 2014 4:35 pm

    La lluvia seguía golpeando con saña el techo del mausoleo mientras esperaba, aparentemente tranquila, la respuesta de aquella persona. Su respiración agitada y la leve silueta de sus pies había delatado su posición bajo aquella estatua ruinosa, cosa que no encajaba muy bien con el aspecto del resto del mausoleo. Observé la figura que se incorporó cuando ya estaba demasiado cerca como para seguir tratando de pasar desapercibida; era simplemente una chica, más o menos de mi edad si no suponía mal. Nunca se me dio bien eso de adivinar la edad de la gente. Además, aquel aspecto, aquella presencia... ¿Podría ser una de las integrantes de la Clase Nocturna? Giré rápidamente los ojos hacia el lugar donde miró ella, viendo que estaba congelado. Fruncí el ceño. No hacía tanto frío como para que algo se congelase de aquella manera, y mucho menos un área sola. Bien, otro vampiro con poderes.

    Las primeras palabras que pronunció hicieron que mi estómago se anudase. ¿Solo una humana? Cómo no, siempre nos subestimaban. Y yo, que no me libraba ni entre los de mi misma especie, no iba a ser la excepción para ella. Cambié el peso del cuerpo de un pie a otro y me crucé de brazos, mirando expectante a aquella chica que ahora se alzaba ante mí. Sí, no cabía lugar a dudas; era un vampiro. Parecía que al Destino, al Karma o lo que fuese que había le gustaba burlarse de mí. ¿Y ahora qué hacía con aquella chica? ¿Sería de la Clase Nocturna o tendría que hacerla salir de allí? No sabía un buen motivo por el que un vampiro ajeno a la Academia rondara por los terrenos. Y, ¿qué le iba a responder a sus palabras? Nada, absolutamente nada. Me limité a observarla en silencio, esperando que añadiese algo más o que hiciera algún movimiento. Asentí levemente con la cabeza, aun seria, cuando me explicó que se había asustado. ¿Creía que había alguien peligroso? Bueno, para ella no lo sería, pero había un posible Nivel E rondando por allí; para cualquier otro humano eso sí sería relativamente peligroso. Alcé las cejas, casi sorprendida ante aquella pregunta. ¿Que qué era lo que hacía allí?- Hago mi trabajo.- Contesté simplemente con suavidad, pero observándola inquisitivamente.- Y tú, ¿qué haces aquí? ¿Qué hace un vampiro en la tumba del antiguo jefe de la Asociación de cazadores?- Arrojé aquella pregunta con dureza, con una sombra de sospecha en la mirada, de lo cual me acabé arrepintiendo al poco, pues aquella chica no parecía tener malas intenciones. Tal vez estaba demasiado a la defensiva, ¿no? Pero, ¿qué hacía? Aquella coincidencia era extraña, y los últimos tiempos no habían colaborado a que confiase mucho en desconocidos que dijésemos. Incluso de personas que conociese debería desconfiar, pues ahora la Asociación estaba patas arriba por culpa del tema de los desertores.

    Acabé suspirando de nuevo y le respondí, algo más amable.- Sí, también me ha pillado la lluvia.- Reconocí, sonriendo levemente. La miré un poco dudosa cuando me preguntó por mi nombre de manera tan amistosa. ¿No se había dado cuenta de que era una cazadora? No creo que una alumna normal y corriente de la Academia fuese a ir cargada de armas. ¿O acaso le daba igual? Tal vez se sintiera muy segura de sus capacidades o, tal vez, simplemente era una persona amigable.- Encantada, Thalia.- Respondí mientras me ponía de puntillas para observar por una de las pequeñas ventanas.- Yo soy Rangiku.- Respondí, dedicándole una breve sonrisa. A través del cristal podía ver que la lluvia estaba amainando, ante lo cual esbocé una sonrisa.- ¡Bien! Creo que ya podemos salir de aquí.- Dije, volviendo a colocarme la chaqueta. Sería mejor salir de allí antes de que volviésemos a vernos atrapadas por la lluvia. Me volví a sacudir un poco el pelo, aun húmedo por el chaparrón de antes.- Si eres de la Clase Nocturna te escoltaré hasta los dormitorios, pero solo hasta la puerta, ¿vale?- Le indiqué, levantando el dedo índice con una sonrisa. No pensaba pasar más allá del arco de entrada a los dormitorios Luna ni de broma; además, tampoco pensaba que fuese a recibir una bienvenida muy cálida.- Si hay algún cazador más y te ve por estos lares, no creo que sea tan benévolo.- Le advertí, tratando de que lo tuviese en cuenta para otra ocasión. Al final, si no lo veía una amenaza, acababa ignorando siempre el que alguien fuese vampiro o humano. Dejé escapar un nuevo suspiro. Bueno, si no le hacía nada a nadie no tenía nada en contra de ella, ¿no? Aseguré el wakizashi a mi espalda y me volví hacia ella con una sonrisa.- ¡Venga, vamos! Antes de que vuelva a llover y acabemos con un catarro.

    Asegurándome de que me seguía, salí de la tumba del que una vez fue mi jefe, dirigiéndole una última mirada a aquel pequeño cofre donde ahora reposaba, esperaba que en paz.
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    Mensaje por Thalia Stark Jue Abr 24, 2014 5:36 pm

    Salimos de mausoleo, ¿El jefe de la asociación de cazadores?, joder, de todos y cada uno de los lugares a los que podría ir aparar me meto en la tumba del antiguo jefe de la asociación de cazadores.
    Viva yo, nos vamos alejando poco a poco de ese lugar oscuro, la verdad me alegro, no me gustan los sitios oscuros y pequeños.
    - Heo- Me chasquea los dedos en la cara para que saga de mi empanamiento
    Veo que nos vamos acercando a la academia, todavía sigo pensando en lo que a dicho. Es cazadora
    -Oye, ¿Y si eres cazadora, que haces aquí
    - Hay un nivel E en la zona
    - Amms, ¿Lo has viso?
    - Aún no
    Llegamos a la entrada de los dormitorios de la Luna, ella se queda en la entrada, se nota que es una cazadora, nisiquiera quiere cruzarse con los de mi especie... pero, ¿Por qué conmigo si?, supongo que solo necesitaba hablar con alguien, digo yo
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    Mensaje por Fraiah B. Eslin Mar Oct 07, 2014 8:03 pm

    No hay simpatía. No hay eternidad.

    Caminó cuesta arriba al menos un kilómetro. El cansancio se apoderaba de su cuerpo y el frío de la noche al caer comenzaba a entumecer sus miembros. Aún así, prosiguió avanzando. Necesitaba esta soledad, esta calma, tanto como respirar. Y a medida que avanzaba, en varios sectores del bosque por donde ella pasaba, las cortezas de los árboles que tocaba comenzaban a cristalizarse. Entonces, rápidamente, ella se alejaba, mirando hacia abajo y tratando de respirar profundo, luchando por controlarlo, pues muchas veces lo único que se necesita es precisamente eso: Respirar.

    Arrastrando los pies, continuó avanzando. Intentaba producir pisadas rápidas, para que el cristal no llegase a materializarse bajo sus pies, delatando su andar y el camino que había tomado. En su interior todo parecía estar tan tranquilo, pero ella sabía que eso era sólo la calma antes de la tormenta. Si se hubiera quedado un rato más con los cazadores, quién sabría qué pudiera haber hecho. Si toda la porquería que estaba asfixiándola por dentro tenía que salir, prefería que lo hiciera cuando ella se encontrase en soledad. ¿Y qué mejor sitio que este? La Tumba de Nokku Damaru se alzaba delante de ella. Aquel precioso e imponente mausoleo proyectaba su sombra sobre la colina mediante los últimos rayos de luz. Fraiah, sin pensarlo dos veces, soltó todo el aire que contenían sus pulmones y apoyó ambas manos sobre la elevada puerta. Tras empujar un poco, logró abrirlo, y una vez dentro, la oscuridad la envolvió. Lo único que iluminaba el lugar eran dos velas encendidas justo a cada lado de donde se encontraba el cofre que contenía lo único que había quedado del honrado cazador. La puerta había quedado un poco entreabierta, y también se colaba por allí algo de natural luz, el cual hacía resplandecer la fina capa de cristal que cubría la zona de ésta que la joven tocó. Fraiah respiró hondo otra vez, alimentando la estúpida creencia de que esto bastaría para detener el revuelo de sus emociones. Pero si bien a veces sólo bastaba con respirar, muchas otras no había absolutamente nada que pudiera contener y eliminar la tristeza de un corazón carcomido por la desdicha.

    - Ya no puedo seguir con esto -sentenció en el silencio-. Creí que iba a poder sin ti, pero me mentí descaradamente -agregó, mientras pequeños pasos le permitían avanzar al centro del mausoleo. Los ojos pronto brillaron, y a las pupilas no les quedó otra opción más que nadar en su cauce. Las lágrimas ya no iban a retenerse, y es que tampoco tenían por qué. Por eso, una a una, comenzaron a descender por sus mejillas. Una a una, comenzaron a estrellarse contra el suelo de mármol. Incluso alguna que otra se convertía en cristal justo segundos antes de estrellarse contra los mosaicos-. Sé que no tiene sentido estar aquí, con todo lo que está pasando; sé que no tiene sentido haber dejado solos a quienes quieren ayudarme, y sé que debería acudir a ellos y contarles lo que me pasa pero... -y entonces su voz se entrecortó, perdiéndose la mirada en aquel brillante cofre que yacía en el altar-... pero no puedo -susurró, con su voz convertida en un hilo de sonido tan ínfimo. Caminó hasta el altar y observó las flores que allí había, del mismo modo en que su pena se perdió en la perfecta fotografía de Nokku que allí había. Sus blancos y delicados dedos viajaron hasta tocarla, delineando el contorno de la figura del cazador-. Teníamos que estar juntos, tú me lo prometiste... ¿recuerdas? -murmuró, ya casi sin voz debido a la forma cruel en que el dolor apresaba su garganta-. Tú me prometiste que seríamos felices, que no ibas a permitir que nada ni nadie nos separe... -continuó, y su mano aferró la fotografía, mientras bajaba su cabeza y su castaño cabello ocultaba su rostro. Apretó los párpados, cerrando sus ojos y ayudando a que las lágrimas salieran despedidas con más fuerza e intensidad. Pronto los espasmos de un forzado "adiós" hicieron estrago en su pecho, provocando que este se elevara y descendiera numerosas veces, rítmicamente, acompañando el sonido de un llanto que ya no podía ser retenido bajo ningún concepto. Y es que estaba dispuesta a hacer de esa tumba un mar, si era posible, porque todo lo que venía alimentando su silencio era feroz y poderoso. Cada maltrato, cada pérdida, cada pizca de temor que tanto los desertores, como los vampiros, como la mismísima vida habían añadido a su existir, estaba allí, guardado en su pequeño corazón de doble naturaleza. Todo este tiempo, había callado. Todo este tiempo había apartado de su mente lo ocurrido dentro de los muros de la Nueva Asociación, sólo para poder vivir y proteger a quienes apreciaba. Había decidido consagrar su tiempo sólo a Ziel, procurando descubrir lo que ocurría y ayudándolo a adaptarse, hasta que pudieran hallar alguna cura, alguna forma de hacerlo hablar, algo que pudiera devolverle la vida que también a él le habían quitado. Pero todo llegó a su límite. Ya no había más espacio donde guardar miseria en su interior, y he aquí el resultado.

    - Ya no puedo seguir con esto... ¡YA NO PUEDO! -acabó por gritar, aferrando la imagen de Nokku Damaru, y cubriendo, sin querer, una esquina de esta de aquel fino cristal. Fraiah levantó levemente la mirada, y al ver cómo estaba cristalizando el rostro de su amor perdido en el tiempo, se apartó con brusquedad y miedo. ¿Acaso esto era lo que le quedaba de él? ¿Acaso este don -o desgracia- era lo único que él le había dejado? ¿Y por qué? ¿Por qué había hecho de ella una persona tan inestable y peligrosa en todo sentido? Pese a devolverle su humanidad, también había introducido con ella esta peligrosa arma. No tenía ni cómo controlarlo ni quien la ayudara a ello, porque las únicas personas que sabían algo al respecto eran el difunto y su perdido hermano. ¿Y dónde estaba Jack? ¡Qué mierda le importaba! Todo este tiempo, desde su llegada, incluso ella se daba cuenta en lo profundo de su pecho que, en cierto modo, buscaba ocupar el vacío que Nokku había dejado, y era una estúpida por ello. Qué ilusa, qué ingenua y qué despreciable. ¿Cómo pudo llegar a tan alto nivel de desesperación? Cada día que pasaba odiaba más todo esto; este pueblo, esta gente inocente, los cazadores, quizás a sus propios amigos...

    Cada día que pasaba se odiaba más a sí misma.

    Finalmente, desde lo más profundo de su ser, desde lo más profundo de sus entrañas, surgió un gemido de dolor tan intenso y sofocante, que probablemente las criaturas del bosque cercano podrían haberlo oído. Probablemente, la agudeza de sus desarrollados tímpanos podrían haberlo detectado y seguramente se habrían asustado. Las lágrimas, por su parte, no cesaron, y Fraiah cayó de rodillas al suelo, abrazando su abdomen con ambas manos, inclinándose adelante y formando una pequeña bola con su cuerpo. Su cabello se extendió por el suelo, y a su alrededor el mármol resplandeció a causa del brillo que le proporcionaba el cristal que estaba cubriéndolo de repente. Las emociones de Fraiah jamás habían sido tan peligrosas, pues con cada sentimiento intenso, el descontrol llegaba a su existencia de este modo, despertando los secretos que contenía en su interior. De este modo había iniciado la masacre en los laboratorios; de este modo casi hiere a Jack y a Kasha; y ahora también de este modo estaba sepultando bajo un elemento tan letal como elegante y delicado, el lugar sagrado donde los restos de su amado descansaban.
    - No quiero volver. Quiero estar sola. Quiero quedarme aquí contigo -susurraba entre sollozos, aún con el rostro oculto por su cabello, y sin abandonar aquella posición constreñida. Los brillantes cristales se extendieron por cada columna, cubriendo cada espacio, y otorgándole majestuosidad y misterio a cada recoveco. Y cuando su poder se extendió hasta la zona donde se hallaba el corazón de Damaru, allí su energía desmedida se detuvo, no por su propia voluntad, sino por la voluntad de quien allí yacía sosegado. Incluso los restos de cristal que habían comenzado a invadir la fotografía de Nokku cayeron al suelo, desintegrándose en una tierna llovizna cándida. Mientras tanto, Fraiah continuaba vertiendo lágrimas y bebiendo dolor como agua, aliviando su corazón cansado y agobiado del mismo modo en que continuaba alimentando aquella llama de peligrosa angustia. Por momentos llegó a pensar que ya no le importaba lo que ocurriera con Ziel, que debería haberle disparado para detener todo esto y poder estar en paz; llegó a pensar que poco le importaba dónde estuviera y si estaría bien, pero alejó instantáneamente esos pensamientos oscuros y egoístas de su mente, pues él no tenía la culpa de absolutamente nada, y todo lo que hacía no era con una mala intención decidida: él no sabía lo que ocurría ni lo que estaba pasando. ¿Cómo podía culparlo? En todo caso, la única incompetente y culpable aquí era ella, por no poder entenderlo aún sabiendo que debía hacerlo, para poder ayudarlo y poder ayudar a los demás. Era inútil hasta para eso, y para lo único que parecía servir era para ocasionar desastres. Todo lo que jamás quiso en su vida, aquí estaba, presente e inamovible. Todo lo que una vez deseó y añoró, jamás apareció ni aparecería nunca; y si en algún momento el Destino la engañó con falsas esperanzas, pronto la ilusión se disolvió en un gran mar salado, pues tal como la alegría llegó, pronto se la quitaron.

    - ¿Por qué..? ¡¿POR QUÉ?! -gritó con odio y despecho, golpeando el suelo y resquebrajando el cristal bajo su mano, ocasionando una pequeña herida de la cual se vertieron varias gotas carmesíes. El cristal pronto volvió a restaurarse, y entonces ella sólo permaneció allí, en completo silencio otra vez, lamentando una vez más la pérdida, así como todo lo que estaba ocurriendo-. ¿Por qué me mentiste? ¡Dímelo! -continuó, estremeciéndose-. Jamás tendría que haber aceptado venir a este pueblo, ¡jamás! Todo esto... todo esto que está ocurriendo... ¡cómo lo odio! -chilló, mientras las lágrimas se extendían sobre los cristales como gotas de rocío en primavera. Y mientras más era sofocado su pecho, más letales resultaban los pensamientos. Pues, ¿por qué no abandonar de una vez por todas este martirio? "¿Por qué... seguir luchando..?" Fraiah sabía que ya no había forma de detener esto que había comenzado; esto que había comenzado hacía meses, desde que Nokku se fue para siempre. Las grandes emociones, los intensos sentimientos, ya no eran simples sentires. Ahora resultaban los causantes de desatar una tormenta incapaz de detenerse por sus propios medios. Ya había experimentado esto en los laboratorios, creando una masacre, y también en la casa de Nokku, poniendo en riesgo la vida de los que allí se encontraban. Y ahora... y ahora otra vez. Tanto había acumulado dentro, que ahora se escapaba a borbotones de su pecho todo este remolino de sensaciones. ¿Nokku había creado un monstruo? Quién sabe.. Pero lo único certero era que de su híbrido corazón resplandecía el profundo amor maltratado y obligado a olvidarse. Y éste estaba haciendo de esta triste y solitaria tumba un lugar brillante en su misterio y amenaza.

    Fraiah dejó de respirar unos momentos. Se limitó a sentir cómo los cristales comenzaban a apoderarse de su cuerpo. La brisa gélida que ingresaba a causa de la puerta entreabierta, pronto se volvió viento intenso. Acabó por abrir la puerta brúscamente, y Fraiah comenzó a erguirse. Acabó arrodillada en el suelo, y su cabello fue violentamente sacudido por el aire furioso y salvaje. Sí, definitivamente era la mejor opción. Dejarse llevar por esta sensanción, por esta caricia que tanto a él le recordaba. Los cristales continuaron extendiéndose por su cuerpo, apoderándose de sus pies y pretendiendo trepar cual enredadera por sus piernas, hasta inmovilizar su torso. ¿Y qué mejor que acabar aquí, muerta en vida, inmortalizada dentro de su propia creación, dentro de la propia creación del difunto Damaru? Porque él se había ido y la había dejado completamente sola con este obsequio maldito. Y maldita era ahora esta tumba, pues estaba completamente sepultada bajo la irremediable pasión y tristeza de Fraiah Blade Eslin. Y pronto ella sería sepultada también, pues no había forma de detenerse. Aunque tomara consciencia del hecho, ya no habría vuelta atrás. La única forma de parar la letanía era quedando ella inconsciente, silenciando su cuerpo y mente, y allí no había nadie que pudiera hacer eso, pues estaba sola, y por ella misma jamás se detendría, porque no era precisamente lo que quería. Sin embargo, el cuerpo fue más sabio que la mente. La fiebre a causa del cansancio y la mala alimentación continuaba elevándose. Pronto, contra su propia voluntad, los mareos llegaron y la obligaron a caer hacia adelante. Giró su torso, de modo que quedó boca arriba. Apartó el cabello de su rostro y, mientras las lágrimas aún caían, negaba con la cabeza. No, no era momento para sentirse mal. No era momento para detener su plan suicida otra vez. Sentía algo entumecido los miembros, y al parecer el Destino otra vez dictaminó que aún no era su hora. Perdiendo lentamente la consciencia, los cristales comenzaron a avanzar cada vez con mayor lentitud, hasta que se detuvieron. Así, fue sosegada la plaga, la doncella y la pena. Los violáceos iris acabaron por ocultarse tras las largas y oscuras pestañas. Aunque sus piernas, manos y antebrazos estaban atrapados por el cristal, su torso y rostro continuaban respirando vida. Algunos mechones de su cabello habían sido cristalizados también, pero no había llegado a extenderse aquel mal sobre su cabeza.

    La quietud volvió a reinar junto al silencio. El mausoleo, cual piedra preciosa, era rocoso por fuera y, por dentro, albergaba un brillante tesoro. Cada muro había sido cubierto, y resplandecía más que el oro. Y, en el centro del lugar, debajo de la tierna imagen de Nokku y bajo su preciado corazón inmortalizado, se encontraba la joven muñeca que hubiera querido convertirse en porcelana esa noche. Ahora descansaba, y a pesar de tener que atravesar horrores para hallar este dulce letargo, por fin su cuerpo agradecía la paz. Sin embargo, ¿qué ocurriría donde se encontraban los cazadores? ¿Qué ocurriría con Ziel? Pero ella iba a despertar, ¿cierto? Iba a despertar y llegado ese momento sabría cómo librarse de los cristales que la apresaban, ¿verdad? Fraiah iba a levantarse, a salir de allí intacta; iba a encontrar a Ziel, curar sus heridas, y llevarlo con los demás, para que juntos pudieran comer algo y buscar un refugio propicio. Eso ocurriría, ¿no? Porque no podría acontecer de otro modo, de ninguna manera, ¿cierto? Pero todo resultaba tan impredecible... Aún así, las esperanzas se mantenían, por irónico que pareciese. Y ella se recuperaba, dormida, aunque no pudiera admitirlo al despertar. Ya el temblor había pasado; ya había huido de su pecho todo lo que no debía habitar allí nunca. Por lo tanto, al abrir sus ojos otra vez, el deseo residía en que la muchacha reaccionase y cumpliese con su deber. Todo el mundo tiene un momento de quiebre; todos caen, y luego se levantan. Fraiah no podía ser la excepción, ¿verdad? Pues cuántas veces había caído y se había levantado ya... Y no era hora de echarse atrás y perder todos los esfuerzos por un momento de debilidad, aunque intensa, pero un momento al fin y al cabo... Y quizás todo lo que necesitaba era esto. Necesitaba la soledad para encontrarse a sí misma; y necesitaba encontrarse para volver a ser un mar en calma.


    Slumbler in peace, cease the pain..

    ~~.~~.~~

    Lentamente, comenzó a abrir los ojos. ¿Cuánto tiempo había transcurrido? ¿Una hora? Y sin embargo para ella pareció una eternidad. A pesar de haber estado dormida muy poco tiempo, alcanzó para que su cuerpo se recuperase lo suficiente como para salir de allí -de aquel refugio que ella misma había elegido para hallarse a sí misma- y emprender la marcha. Tenía que buscar a Ziel. Todas las obligaciones y responsabilidades llegaban a su mente como cascadas de nervios. Comenzó a alterarse un poco, sobretodo porque en un principio no entendió ni dónde estaba, ni qué hacía allí, ni qué estaba ocurriendo. Sus violáceos iris viajaron por todo el mausoleo, confusos. ¿Cómo había llegado allí? ¿Y por qué? Como solía ocurrirle, luego de padecer esos ataques emocionales y hacer desastres, no recordaba con claridad lo ocurrido. Sólo tenía esporádicas imágenes. Sus ojos se perdieron en el techo cristalizado del lugar y, tras girar un poco la cabeza, notó la fotografía de Nokku en el altar. El corazón se le detuvo por unos momentos.
    - ¿Qué...? -susurró, estupefacta. Y su expresión de asombro y preocupación aumentó al verse atrapada por esos cristales que ella misma había generado. Comenzó a revolverse. ¿Cómo había sucedido aquello? Le dolía la cabeza y no lograba recordarlo. Sin embargo, sentía la piel de sus mejillas algo reseca, y por eso mismo entendió que había estado llorando. Y continuó revolviéndose, buscando quebrar los cristales que apresaban sus piernas y brazos-. Vamos... rómpete... -murmuró entre esfuerzos que realmente la agotaban. Sin embargo, para su suerte, la capa que la cubría no era igual de fuerte y potente como la que cubría el interior del mausoleo. Pronto comenzó a resquebrajarse, y finalmente logró su cometido. Lentamente, comenzó a quitar todos los restos del cristal que sometían su piel. Movió lentamente las piernas y brazos. Estaba adolorida y sus miembros estaban algo entumecidos. ¿Hacía frío fuera? Tal vez un poco. La brisa otoñal era excesivamente fresca para alguien que se encontraban tan desabrigado como ella.

    Entre varios esfuerzos, se puso de pie. Miró a su alrededor, aún sin entender absolutamente nada. Se llevó ambas manos a la cabeza, cerrando los ojos con fuerza y emitiendo un quejido de dolor. Comenzó a caminar hacia la salida. No quería demorarse, por dos motivos: debía encontrar a Ziel y tenía miedo. La incertidumbre de cómo había llegado hasta allí le carcomía, pero no había nada que pudiera hacer quedándose allí adentro, observando la tumba de su difunto novio. No tenía sentido hacer eso. Además, probablemente los demás estuvieran preocupados. Lo mejor era partir de allí lo antes posible. y eso hizo. Entre dudas y nervios, salió y cerró la puerta. Recostó su espalda un momento sobre esta y suspiró. Contuvo las lágrimas de temor y se echó a andar. Tan sólo quería descansar. Y si pudiera elegir, optaría por dormir meses enteros, soñando con la llegada de la suerte que solucionaría todos estos conflictos para cuando ella despertase otra vez.
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    Tumba de Nokku Damaru Empty Re: Tumba de Nokku Damaru

    Mensaje por Crash Sáb Jun 13, 2015 1:59 am

    *A Crash le costo mucho, pero decidió que ya era hora de cerrar otra parte de su pasado. Después de estar casi un día de meditación y de hacer sus investigaciones, paso por su habitación, saco de su escondite peculiar de objetos una katana con la empuñadura dorada y plateada. Tras envolverla con su capa para esconderla de curiosos salio por la ventana. Estaba sorprendido de lo que iba hacer, ir allí, era como declararse la guerra consigo mismo y sus creencias. La tumba de Nokku Damaru creo que era el ultimo sitio de la tierra donde vería a Crash, pero no. Se acercaba mas y mas con paso lento a ese lugar y su mente no paraba de pensar en las palabras que iba a soltar. Se paró un momento para recoger un lirio... Flor que se usa para respetar la vida eterna de un fallecido. Con el lirio, la katana oculta y la idea de cerrar una parte su pasado estaba apunto de llegar, pero, iba a ser sincero o solo quería sellar una parte de su vida.  

    Estaba delante de la tumba, mirándola de arriba a bajo relajado con la flor en una mano y la katana en la otra. En su cabeza seguía dando vueltas a las palabras que quería pronunciar. En realidad algo así no lo había hecho nunca. Ni siquiera por Black. Él estaba hay delante inmóvil sin pestañear, serio, buscando como empezar. Se arrodillo, para ponerse a la misma altura que la tumba.  Iba a lanzar la flor hacia la tumba cuando se quedo clavado, mirando intensamente la tumba hasta que, la flor empezó a arder. Una vez trasformada la flor en cenizas, Crash se puso de pie.*  


    - No, no puedo... ¿Como voy a poder mostrar respeto a quien tenia el poder para hacer las cosas bien y se dejo llevar por su propio poder? Todo lo que te enseño Black, todo los años que pasaste en la calle luchando por un mundo mejor para nada. Cenizas es lo que eres ahora, y todo lo que dejaste por tu paso...  Al menos me alegro de no haber estado presente. (Dijo serio sin titubear en ninguna palabra. Saco la katana de su escondite y la arrojo con furia impactando contra la tumba.) Toma, la estúpida katana que siempre quisiste de Black. Es lo ultimo que te unía a él y a sus lecciones. Ahora me despediré de ti no como un amigo, ni como un guerrero que respeta a otro... Si no como te ganaste que lo hiciera, con odio.

    *Crash estaba apunto de irse cuando algo apareció volando por delante de el. Un cuervo se poso en la tumba de Nokku. Entonces no pudo evitar reír, con las manos en la cara ocultando su rostro. No podía creer lo que estaba viendo. El maestro visita al alumno estando presente el hermano criado y protegido por este. Podía ser casualidad, o solo un animal mas... Pero algo tenia claro y es que a Crash no le hacia tanta gracia como aparentaba.

    -Enserio... Dime pajarraco, ¿eres un cuervo mas del bosque o me tengo que creer tu mensaje cifrado? (Pregunto al cuervo buscando su mirada.) Sois cenizas en un lugar que no crece nada. Y todo, por vuestra culpa. Yo sigo vivo, cuando desee mi muerte y todos lo aseguraban. ( Les da la espalda, tanto a la tuba como al cuervo.) Espero que el infierno en el que estáis sea cálido, por que el frio que dejasteis en los corazones de los demás aun dura. Fue un placer tener esta pequeña charla y reunión con dos muertos que en vida, solo me hicieron sufrir... Dolor y que me llenaron el corazón de ira. Lo siento, pero quiero que mi camino sea el de una vida con futuro y sin tener que matar... Aun que ese siempre seré un guerrero. Y si nos vemos pronto, espero que sea por que luche por mi vida y no por cometer los mismos errores que vosotros.

    *Crash se puso su capa y poco a poco se fue alejando del lugar dejando allí a ese cuervo y la tumba de Nokku. Pobre crio convertido en hombre a base de palos, la vida solo le dio disgustos y sufrimiento. Sin una familia real, con un padre que siempre le quiso matar, con un cazador siendo su protector y sin tener la oportunidad de ser el mismo. ¿Que le deparada el futuro?Eso aun no esta escrito, pero si él continua por el camino actual... puede que no tantas cosas malas como en el pasado. En medio del camino saco el móvil para mandar un mensaje, y una vez enviado sigo su camino a su habitación donde descansaría.

    ¿Sera verdad eso de que no volverá a matar?... ¿ Y su vida, sera tan tranquila como el piensa?
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