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Grupo 3 [Sótano del hotel]

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Grupo 3 [Sótano del hotel]

Mensaje por PNJ y Ambientación el Mar Ago 18, 2015 1:24 pm

Habéis tenido la desgracia de caer por el agujero, además del susto causado por el temblor, os habéis dado un buen piñazo al caer. No tenéis manera de subir hasta arriba, solo hay una puerta frente a vosotros, la única luz que tenéis ahora es la que procede del agujero sobre vuestras cabezas, tendréis que internaros en las oscuras profundidades del misterioso hotel para averiguar salir ¿que habrá en el interior de ese extraño edificio? Pronto lo averiguaréis, no obstante, tenéis que tener en cuenta el grupo de personas que ha caído con vosotros, varios están heridos.

Los integrantes de este grupo son:
-Ziel A. Carphatia
-Kairi Donovan
-Rangiku Matsumoto
-Christian Blade
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Re: Grupo 3 [Sótano del hotel]

Mensaje por Ziel A. Carphatia el Mar Ago 18, 2015 7:29 pm

Finalmente, tras escavar en la arena, su cuerpo cayó vacío abajo. La espesura negra que tanto temía el peliblanco, terminó por tragársele hacia sus adentros. Tan sólo se escuchó un fuerte gemido a lo largo del recorrido, el cual terminó en cuanto todos los presentes encontraron el suelo en un brutal golpe.

Ziel por lo menos, terminó cayendo con la cabeza más los brazos primero y el resto de su cuerpo detrás, causa de haber estado escavando y no tener el suficiente tiempo para retroceder y aterrizar con los pies. Por mero reflejo de un instinto de supervivencia que se activó tiempo atrás, había puesto las manos delante del rostro, evitando que su cabeza recibiera la contusión más grave de todas. Aunque el golpe tampoco se lo quitó nadie. Sin embargo, consiguió salvar la vida, que era lo fundamental en estas ocasiones. Lo único que uno de sus brazos se dobló en sentido erróneo al recibir el resto del peso de su tronco y piernas encima de ese soporte; además de aquel golpe entre su ojo y la sien –el cual pudo ser de mayor gravedad o incluso mortal–.  El impacto que sufrió fue bastante duro y seco, pues acabó hecho una pequeña bola en el suelo. Y ahora lo poco que le quedaba de conciencia tras el aturdimiento que tenía, era para rogar a algún lugar que ningún otro cuerpo cayera encima de él y sus quemaduras. Ya había recibido bastante.

El neófito perdió la inconsciencia durante un buen rato, tiempo en que el resto de gente llovía por el agujero de arriba. Lo bueno es que nadie se hallaba en la zona donde estaba refugiado el peliblanco, luego el resto de gente que descendió del boquete recibió el mismo trozo de suelo, amontonándose a tropel. Esto le bastó a Ziel para recuperar el sentido e incorporarse a cuatro patas lentamente. Y ahí notó la lesión de su brazo, emitiendo un agudo gemido de dolor. Su codo, desgraciadamente se desencajó de su lugar y el bulto que se observaba en su brazo, indicaba en dónde se encontraba actualmente. El peliblanco era incapaz de mover ese brazo, solo por los dolores que sentía al ejercitar el más mínimo movimiento. Luego, miró el suelo, aún un poco mareado, viendo cómo goteaba la sangre de su rostro por el impacto recibido. Tampoco le preocupó en exceso, si no fuera porque una oleada de aromas inundó sus fosas nasales en ese instante. Sus ojos amarillo y azul, se dirigeron hacia todos los cuerpos que yacían insconscientes o quizá muertos en el suelo. Movió las colas brevemente, preparándose para su festín, pero es que su estómago ya no aguantaba más tiempo vacío, rugía lleno de necesidad, y más después de tener delante a deliciosos manjares delante de sus ojos. Y él estaba herido, su piel estaba abrasada por los rayos del sol, tenía un golpe en el ojo –que gracias que no afectó a su visión por el momento– y además llevaba días, seguramente semanas sin probar un mísero bocado. Así que no pasaba nada si se alimentaba y comía uno de aquellos inservibles cuerpos, ¿verdad? Al fin y al cabo era mejor matar a que te maten.

Puesto que no podía andar cuadrúpedamente, decidió incorporarse y hacerlo de manera bípeda. Su cuerpo se contorneaba hacia uno de los lados, nauseabundo y hambriento, andando lentamente por la zona de sombra que se producía en el sótano. Dos alumnas que se hallaban conscientes después del golpe, se abrazaron mutuamente al escuchar los gemidos y pasos del chico además de ver levemente una alta y delgada figura, esperando que un monstruo o semajanete los atacara. En cambio, su interés no permanecía en esas dos, sino hacia un humano que desprendía un olor adictivo para él y quien sería su presa por este día. Y se dejó caer a su lado, haciendo otro gemido por sus labios. Observó sus heridas una vez más, propinando un lametón a varias de ellas para sanar cualquier tipo de infección. Seguidamente, sus colas se movieron, impacientes por probarle. Finalmente, con parsimonia, sediento, se acercó a una herida de su rostro y allí sus colmillos se instalaron inmediatamente; mordiendo sin miramientos.



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Re: Grupo 3 [Sótano del hotel]

Mensaje por Rangiku Matsumoto el Jue Ago 20, 2015 12:44 am

Mi mano seguía extendida hacia delante, esta vez apuntando hacia el pequeño pedazo de cielo que se iba haciendo cada vez más pequeño sobre nuestras cabezas. Me había herido el antebrazo al caer por la grieta, pues la piel de este había rozado con el filo de la grieta, haciendo un largo y sangrante corte... pero no podía sentir el dolor. Ni siquiera era consciente en ese momento de la herida. La gente gritaba a mi alrededor, pero en aquellos instantes de pánico tan solo podía sentir el horrible vacío que se abría bajo nuestros pies... y que solo podía significar nuestro fin si no ocurría un milagro. Durante los primeros segundos de la caída, aguanté la respiración casi inconscientemente. Estaba aterrada. La luz iba quedando más y más lejos, al igual que los ruidos del exterior. ¿Por qué tenía que pasar aquello? ¿No habíamos tenido bastante quedándonos allí abandonados a nuestra suerte? Sentí los ojos levemente húmedos. No, no quería morir así, no allí, no todavía. Saqué las dos dagas de debajo de la ropa y me dispuse a llevar a cabo la única idea que mi mente desesperada veía como posible en aquella situación. Rápido. Tenía que hacerlo rápido, el final estaba cerca. Con un rugido de ira, clavé con todas las fuerzas que me quedaban las dos dagas en la superficie de la grieta. Una dio de lleno en una roca, por lo que resbaló; sin embargo, la otra se clavó con éxito en la tierra, dejándome colgada de la empuñadura. ¡Había conseguido frenar la caída! Con una chispa de esperanza, clavé la otra daga y me aseguré en el sitio.

Sin embargo, mi entusiasmo duró poco. Pasados unos segundos se escucharon los primeros cuerpos cayendo. Algunos iban seguidos de un desagradable sonido que bien podrían ser huesos rotos. Contuve la respiración tras el primero que escuché, horrorizada. Desde el fondo se escuchaban gritos de dolor y miedo. Otros dejaban de gritar en cuanto su cuerpo se estrellaba contra el suelo. Apreté los labios. Hice acopio de fuerzas y saqué una de las dagas, volviéndola a clavar un poco más abajo, descendiendo poco a poco. Tenía miedo. Tenía miedo de lo que podía esperarnos ahí abajo y tenía miedo por lo que les podía estar pasando a los que estaban arriba. Parpadeé un poco para retener una lágrima que quiso escaparse. No, ahora no era momento para derrumbarse, para dejarse llevar por la angustia. Seguí descendiendo de forma lenta pero constante, pero, por más cuidado que le puse a mi labor, el mundo no quiso que llegase de una manera segura al suelo.

Una persona me golpeó al caer, llevándome por delante. Por suerte, la caída no fue tan fuerte como hubiese sido de no haberme sujetado. Al dar contra el suelo, me golpeé en la cabeza, abriéndome una brecha y dejándome completamente aturdida. Tenía la vista nublosa. Había soltado las dagas al caer, debían estar por algún lado... Hice fuerzas para levantarme del suelo, pero mis brazos no quisieron colaborar. Me quedé de lado, aun con la respiración agitada, observando a los que allí estaban. Sentía algo líquido resbalarse por mi frente, posiblemente la sangre que corría libremente fuera de la brecha. En aquel estado de semi-inconsciencia, mis ojos captaron una figura blanca que se encaminó hacia uno de los que yacían en el suelo. Observé como pude lo que tenía delante. ¿Había una puerta en la pared? Volví a fijar la vista en la figura blanca, la cual se había arrodillado junto al chico inconsciente. Traté de moverme, pero aun me encontraba demasiado aturdida. Encajé la mandíbula, enfadada conmigo misma. ¿Por qué tenía que ser tan débil?
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Re: Grupo 3 [Sótano del hotel]

Mensaje por Kairi Donovan el Jue Ago 20, 2015 2:53 pm

El suelo desapareció bajo sus pies y la tierra se la tragó. Tardó un momento en procesar lo que estaba ocurriendo, había estado muy concentrada en llegar hasta donde estaba Christian para ver lo ocurrido y apenas le había dado importancia al temblor, pero, ahora que caía por el agujero que este había formado, comenzaba a percatarse de la importancia del mismo. No era la única que había tenido esa mala fortuna, escuchaba gritos aterrados y veía a gente intentando aferrarse a las paredes, pero no había nadie con suerte que lo consiguiera, el golpe contra el suelo, si es que lo había, era inevitable. La pura sangre se preparó para la caida, colocó la sombrilla como pudo de tal forma que no se la clavara al caer y trató de hacerse un ovillo con la cabeza entre las manos, sabía que la caída no la mataría, pero prefería evitar heridas de gravedad.

El impacto fue más fuerte de lo que esperaba y su piel fue rasgada por el áspero suelo, la sangre manó durante apenas unos minutos, manchándole la ropa, pero su condición vampírica, cerró las heridas con gran velocidad, dejando el aroma y rastros rojizos como recuerdo. Quedó algo aturdida durante unos minutos, agradeciendo la oscuridad del lugar, la luz del sol de aquella isla era terrible para ella, hasta aquel momento había estado experimentando una continúa sensación de agujas perforando su piel, aquella oscuridad era como un pequeño paraíso.

No terminaba de estar del todo bien, pero en cuanto fue capaz de ponerse en pie con seguridad se apresuró a socorrer a los humanos, no sabía quién más había caído allí con ella, pero en cuanto antes se asegurara de que no había ningún herido grave se ocuparía de averiguarlo. Lo más grave que encontró a simple vista fueron huesos rotos en un par de jóvenes inconscientes, lo cual agradeció, si estuvieran despiertos se quejarían en cuanto intentara colocarlos y vendarlos, como hizo rápidamente, utilizando los guantes que en la oscuridad del lugar no le servirían ya para nada, hacía muchos años que no tenía que hacer algo así, agradecía no haberlo olvidado a pesar de todo el tiempo transcurrido.

Sentía una presencia extraña, escuchó pasos y percibió el miedo. Se puso en pie a tiempo para ver como una silueta blanca se agachaba junto a un humano y lo mordía. La joven Donovan no lo pensó ni un instante, a pesar de no tener la más remota idea de a qué se estaba enfrentando, se desplazó hasta allí lo más rápido que pudo y trató de apartar al ¿chico? ¿vampiro? ¿animal?....¿Qué era?
-¡Déjalo! -gritó intentando tirar de él para alejarlo del humano.



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Re: Grupo 3 [Sótano del hotel]

Mensaje por Ziel A. Carphatia el Jue Ago 20, 2015 7:53 pm

Habían pasado semanas sin probar la sangre humana, de no conocer otra carne que no fuera la de algún roedor que se encontraba para lograr calmar un poco los rugidos de su estómago. Y ahora, por fin tenía lo que más ansiaba él: comida y poder ser capaz de saciar la desgarradora sed que lo consumía. Su respiración incluso se cortó en el preciso instante anterior a degustar a aquel humano inconsciente o quizá muerto –ya que el peliblanco no se iba a detener si aún era siquiera un fiambre o no–. Las orejas se su cabeza se echaron hacia detrás, comenzando a emocionarse. Ziel mordió en la mejilla del alumno y retrocedió inmediatamente, como si estuviera jugando con él en un extraño y macabro juego. Pero ansioso como estaba, no evitó que sus colmillos perforaran una y otra vez el rostro del joven por diferentes lugares. La sangre caliente fluía en su garganta y aquello lo aliviaba profundamente, incluído su nerviosismo. Su nariz, sin embargo, lo llevó hasta el lugar cumbre para beber: el cuello. Lo miró fijamente, obsesionándose con la curvatura y allí mordió una vez más, definitivamente; hasta verse capaz de cerrar los ojos y dejarse llevar en esa sensación tan embriagadora para un vampiro. Si pudiera hablar, describiría perfectamente y con suma precisión, el paraíso en el que estaba viviendo. Aunque estaba visto que a Ziel las cosas le duraban bien poco y esta no parecía ser la excepción.

Los cuerpos continuaban cayendo, golpeándose el último contra el suelo y deteniendo el fuerte sonido –el cual decidió ignorar finalmente– sobre sus tímpanos. Y entre ellos, estaba esa Pura Sangre. El peliblanco continúo degustando y calmando el estrago de su estómago rápidamente, como si entendiera que le quedaba poco tiempo para disfrutarlo. Y en verdad, así era. Pues después de atender a varios humanos heridos, su presencia oculta entre las sombras fue descubierta. Pero, ¿acaso le importaba a él? Ziel conocía que había una presencia moviéndose, ya que sus orejas se alzaron hacia arriba y un movimiento fugaz se hizo en sus colas. Sus párpados subieron, amenazantes, mirando su figura y siguiendo el recorrido que hacía en el sótano. Mientras ella no molestara, todo estaría correcto y él no tendría que verse forzado a atacar. Y desencajó su mandíbula lentamente del cuello del humano, pasando la vista de alumno en alumno y de repente, la encontró. Su rostro estaba ensangrentado. Tan preciado aroma de su sangre llegó hasta él, provocándole. Ziel conocía a esa chica, había probado ese manjar divino una vez en un parque, cuando los desertores los perseguían. El color de sus ojos relució enseguida, prestándole más atención y clavando su mirada sobre sus pupilas, atravesándola. Los colmillos del chico relucieron, transmitiéndola el mensaje de que se convertiría en su próxima presa. Que corriera, que huyera todo lo lejos que podía, porque eso era lo que quería. Únicamente escapando excitaría más sus sentidos más salvajes, pues tan sólo intentaría cazarla cuanto antes. Pero quizá no fuera de la manera en que quería. Rangiku estaba ahí de nuevo, inválida, desorientada, frente a él, como a quien le sirven su comida favorita. Por tanto, el humano que degustaba dejó de significar algo para el chico zorro. Justo como la vez anterior, se encaminó lentamente hasta ella, bordeando la oscuridad que cubría el sótano para acercarse cuanto más posible. En cambio, ella estaba en un lugar soleado al que no era capaz de acudir en este instante. Y al levantar Kairi su voz, él previno lo que ocurriría a continuación. Ella estaba acercándose al cuerpo y sus gruñidos comenzaron a inundar el lugar, advirtiéndola. No le importaba si era mujer o si era un Pura Sangre, realmente. Él no entendía aún de esas cosas de respeto ni educación. Aquí la ley del más fuerte se implantaba y eso ocasionaba el miedo y el abrumante terror en tantos alumnos, quienes retrocedieron hacia la pared contraria por si acaso.

Con suavidad y elegancia, despacio, muy despacio, se fue moviendo para querer proteger a la humana que tenía ahora como su presa y defenderla como de su propiedad. Su adversario tenía una veintena de humanos a sus espaldas de los cuales alimentarse y eso no provocaría ninguna disputa entre ambos. Pero, al parecer, tenía que ser la que él estaba a punto de disfrutar. Sus uñas rasgaron el suelo en un chirrido desagradable, enseñando sus colmillos, dispuesto a atacar en cualquier momento. Y entonces, cuando Kairi se atrevió a tocarlo una milésima de tiempo, él ya se impulsó contra ella. La fuerza con la que impactó, logró derribarla al suelo; quedando el híbrido encima de su cuerpo. Luego... silencio. El más rotundo y nervioso silencio. Los gruñidos del chico zorro se escuchaban de fondo como un suave murmullo. Y los ojos azules se reflejaron sobre los fieros y amenazantes azul y amarillo. La Pura Sangre podría sentir su respiración sofocada y angustiada por la sed, ver la herida de uno de sus ojos y la cual goteaba hacia su propio rostro, al igual que todas las quemaduras que cubrían su cuerpo desagradablemente, comprobándose la infección de algunas por la arena y los arbustos sobre los estaba escondido. También vería su punto débil: aquel brazo que se lesionó en la caída. El bulto de su codo podía verse claramente sobresaliendo de su brazo y cómo colgaba de su hombro de cualquier forma. ¿Aprovecharía esta oportunidad o jugaría limpio contra la fiera?

Pero la paz que se generó en ese instante, desapareció en un segundo. Ziel se había dado cuenta de que ella observaba su brazo y apenas podía permitir que se diera cuenta de ello. La mano que podía emplear fue directamente a sujetar su pecho, sin sentir verguenza por donde tocaba. Mordió velozmente el brazo que osó rozar al prestigioso Zorro Guadián, intentando que se desprendiera de su cuerpo a base de tirones y sacudir la cabeza para consiguier herir sus nervios y provocar más sangre en él. Obviamente comenzó a beber –puesto que al fin y al cabo, también se ofrecía como primer manajar para su presencia, así como un sacrificio–. Todo pasaba muy rápido. Tanto que apenas sus uñas fueron también a sujetar su hombro, sujetando su nueva presa. No se hallaría satisfecho hasta sacarle el brazo y arrancárselo de cuajo. Sin embargo, había un pequeño detalle que dejó al aire. Su gran enemigo, al cual no podía combatir: el Sol.

Debido al forcejeo que ambos llevaban entre los gruñidos del neófito, el cuerpo de Ziel se vio expuesto a la luz. Todos los alumnos gritaron de terror en cuanto vieron a la fiera de la oscuridad semidesnuda, con su larga melena blanquecina. Les sorprendieron las orejas de su cabeza y las dos colas llenas de pelo que se extendían de su columna vertebral, moviéndose al compás de un tempo. ¿Qué se supone qué era? ¿Un humano? ¿Un animal? Y lo que muchos sospecharon al ver la intolerancia al Sol que tenía, la palabra "vampiro" se escuchaba constantemente.
-Matad a la bestia. ¡A por él! - Ordenó uno de ellos. Pero ninguno se acercaba por si acaso, aunque incluso decidieron arrojar los pocos objetos que tenían a su alcance, tratando de darle oportunidad a la Pura Sangre que también escondía su verdadera naturaleza. Y la poca piel sana que tenía el peliblanco en sus brazos y rostro, comenzó a cuartearse de nuevo, comenzando pronto a sangrar por el deterioro de la misma. Se escuchó un agudo gemido de dolor, no sólo por las quemaduras, sino por algún hierro oxidado que le fue lanzado a la cabeza. Momento después, apenas quedaba rastro de él. El cachorro humano había vuelto a sus dominios de oscuridad, procurando esconderse detrás de un electrodoméstico viejo que se hallaba cerca. Al menos le bastaría para que los objetos que volaban hacia él no le golpearan. No obstante, ¿mataría Kairi Donovan sin piedad al híbrido que se escondía o actuaría su buen corazón para tratar de comprender su situación?



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Re: Grupo 3 [Sótano del hotel]

Mensaje por Rangiku Matsumoto el Miér Sep 02, 2015 7:25 pm

Aquel lugar era claustrofóbico. Sentía como si una mano invisible me oprimiese la garganta, dificultando mi respiración. La cabeza me dolía, y aquel líquido caliente seguía resbalando por mi frente. Dirigí mi confusa mirada hacia mi brazo, vislumbrando por primera vez desde la caída el largo corte que me había hecho al precipitarme al vacío. No tenía por qué preocuparme mucho pues no era apenas profundo, a pesar de lo escandaloso que se veía. Traté de nuevo de volver a incorporarme, pero volví a fallar en mi intento. Aquello sí que me preocupaba. Sentía algo cálido y pesado aplastando una de mis piernas desde hacía rato, por lo que, con un esfuerzo bastante considerable para mi dolorido cuerpo, giré y alcé un poco la cabeza, encontrándome el cuerpo de la persona que me había golpeado al caer.- Oye...- Musité en un hilo de voz. ¿Estaba solo inconsciente o acaso...? Con una mueca de dolor, saqué la pierna de debajo suya.- Oye, despierta...- Volví a insistir, angustiada. Mis fuerzas, al igual que mis dagas, parecían haberse perdido en la caída. ¿Por qué la naturaleza humana era tan frágil? Yo podía mantener, aunque fuese con trabajo, los ojos abiertos; sin embargo, aquel joven... Su cuerpo se hallaba bocabajo, completamente inmóvil. No podía ser... O mejor dicho: sí, sí que podía ser, pues pocas cosas buenas solían salir de todo aquello organizado por la Academia; sin embargo, aquello no debería ser así... Encajé la mandíbula e hice fuerza con los antebrazos, tratando nuevamente de incorporarme al menos. Pero mi cuerpo se volvió a estrellar contra el suelo, víctima de las consecuencias de la caída.

Y entonces fue cuando sentí aquel escalofrío. No era que sintiese frío allí, aunque había que admitir que la temperatura era algo más baja que allí arriba. No, no se trataba de eso. Era de esas corrientes eléctricas que te recorren desde la misma raiz del pelo hasta el final de la columna. De esas que te remueven completamente, que te ponen el vello de punta. Había algo peligroso muy cerca. Observé de nuevo a aquella figura blanca que aun seguía viendo algo borrosa. No me hizo falta que mi vista volviese a lo suyo para poder advertir que tenía la boca y el torso manchados de sangre, como si se hubiese estado cometiendo una carnicería mientras yo me dedicaba a tratar de levantarme. Y es que precisamente, aquella idea no estaba muy lejos de la realidad. Sin verlos claramente, sabía que sus ojos, uno azul y otro ámbar, ahora teñidos por el rojo de la sed de sangre, estaban ahora clavados en mí. ¿Que cómo sabía de qué color eran sus ojos, si no podía verlos bien? Pues porque mi sangre me lo decía. Sí, mi sangre parecía haberse congelado en cuanto sintió que fijaba su atención sobre ella, ya que no era la primera vez que sus colmillos perforaban alguna de mis venas. La figura blanca comenzó a avanzar lentamente hacia el lugar en el que estaba. No había otra criatura igual en la faz de la tierra, y aquel hecho era innegable. Avanzaba atravesando mis pupilas con su aguda mirada de depredador, mostrando sus colmillos, afilados como dagas. Tumbada de lado como estaba, desde el nivel del suelo, podía vislumbrar su alta y esbelta figura aun más imponente de lo que ya resultaba. Tenía el blanquísimo pelo mucho más largo que el día en el que lo conocí, detalle que acentuaba aun más su aspecto indómito, pero que a la vez le dotaba de una exótica belleza. Y sí, así eran aquellos temibles seres, bien lo sabían los que habían tenido que enfrentarles. Y aquel, Ziel Carphatia, era el más indomable de todos, descartando, por supuesto, a los Pura Sangre. ¿Qué hacía allí? ¿No se trataría todo, al final, de una treta de los desertores?

El peligro tensó los músculos de mi cuerpo. La ferocidad del neófito era un nuevo peligro añadido a la ya alarmante situación actual. Con rabia, me sostuve sobre los antebrazos, consiguiendo separarme un poco del suelo. ¿Cómo había llegado hasta allí? ¿Y por qué estaba solo? Recordaba como si fuese ayer el día en el que tanto Fraiah como aquel cazador, Kai, lo protegían con tanta preocupación. No podía permitir que se convirtiese en un asesino, ni por él, ni por los que lo querían... ni siquiera por mi propio orgullo como cazadora. Escuché sus gruñidos de advertencia y miré hacia donde él lo hacía, hallando allí a aquella amable Pura Sangre que había conocido en la fiesta de carnaval. Una leve sensación de alivio se instaló en mi pecho, pues la presencia de Kairi allí era como un seguro de vida. Sin embargo, al contrario de todas las predicciones, Ziel la atacó en el instante en el que ella le tocó.- ¡¡ZIEL!!- Exclamé, forzándome a salir de mi aturdimiento. No creía que le pudiese hacer mucho daño a Kairi; lo que más me preocupaba era la gente que comenzaba a darse cuenta de su naturaleza y que empezaban a rebelarse contra él.- Maldita sea...- Me seguía doliendo el cuerpo entero, pero debía hacer algo. Volviendo a hacer fuerza con los antebrazos, me incorporé, quedando sentada en el suelo. Respiraba con dificultad, y podía notar con desagrado cómo la sangre proveniente de la brecha de mi cabeza, ahora caía hacia abajo, manchando mi cara. Busqué con desesperación las dagas, encontrándolas no muy lejos. Un arma menos que podrían usar contra el neófito. Gateando, arrastrándome a ratos, llegué hasta la puerta. Con ambas manos, giré el pomo, endurecido por el paso del tiempo, y empujé con todo el peso de mi cuerpo para que la puerta cediese.- ¡¡UNA SALIDA!! ¡¡AQUÍ HAY UNA SALIDA!!- Grité con las fuerzas que me quedaban, tratando de captar la atención de los que se acercaban al neófito. No sabía si aquello funcionaría o no, pero seguramente más de uno prefiriese salir de allí antes que enfrentar a una criatura desconocida... O eso creía.

Me quedé sentada delante de la puerta entreabierta, observando la oscuridad que había detrás de ella. ¿Qué hacía una puerta en un lugar así? ¿Todo estaba premeditado para que sucediese así? Fruncí el ceño, entre cabreada y preocupada. Aquello parecía un maldito juego en el que se nos usaba a nosotros de fichas.
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Re: Grupo 3 [Sótano del hotel]

Mensaje por Kairi Donovan el Dom Sep 13, 2015 9:27 pm

Cuando intentó apartarle de la humana, no esperaba que la fuerza del peliblanco superara a la suya, así que cuando se vio en el suelo estaba completamente desprevenida. Estuvo a punto de tratar de quitarselo de encima en cuanto su espalda tocó el suelo, pero no pudo evitar observarle detenidamente, estaba herido, eso fue lo primero que le llamó la atención, por extraña que fuera su apariencia, con aquellas orejitas peludas y los ojos fijos en ella, en lo que los ojos azules de la pura sangre se fijaron, fueron en aquellas heridas. Notaba como la sangre que le goteaba del rostro caía sobre el suyo, sus ojos destellearon carmesí durante un breve instante. Las quemaduras que le cubrían eran terribles, salvo que sanara con mayor velocidad que los demás, le durarían unos días por lo menos. Pero había algo peor, el brazo, el hueso parecía haberse salido en el codo y si no se recolocaba rápido podia sanar así.

El preocuparse por la extraña condición de las heridas de su atacante, la hizo perder una oportunidad de oro, pues pareció darse cuenta de que tenía la mirada fija en el brazo y volvió al ataque. Sus dientes se clavaron en su brazo y mordió con fuerza, un breve grito de dolor salió de los labios de la pura sangre, que comenzó a forcejear para apartarlo con el brazo que tenía libre. Dolía, sentía como la sangre manaba de la herida y como aquellos fuertes tirones desgarraban su pálida piel, pero no podía rendirse ante el dolor, tenía que quitarselo de encima antes de que fuera peor. Los ojos de la joven se tornaron color carmesí. Se removía todo lo que era capaz, tratando de desplazarse un poco hacia donde la luz del sol podría protegerla por primera vez en su larga vida. Con cada movimiento el dolor del brazo se volvía más fuerte, sentía como aquel ser succionaba el valioso líquido vital de un sangre pura. Ningún vampiro en su sano juicio habría hecho algo así, incluso los Nivel E se mantenían alejados de los suyos, las sospechas de Kairi de que aquel no era un vampiro común comenzaban a confirmarse. Tenía que apartarlo como fuera, no sabía que era, no podía permitir que consiguiera mayor poder a base de alimentarse.

Se había olvidado de la presencia de los humanos hasta que oyo los gritos y comenzaron a volar cosas sobre sus cabezas golpeando a su atacante. Una oportunidad. Liberó su brazo rápidamente, pero cuando se disponía a lanzar un contraataque el peliblanco huyó. Observó, ligeramente sorprendida, como corría a ocultarse, como un animal asustado. Se incorporó con dificultad, había perdido mucha sangre y su brazo estaba muy dañado, sus ojos se quedaron fijos en la oscuridad donde se había ocultado mientras se levantaba poco a poco. Caminó despacio ante las atónitas miradas de los humanos que parecían pensar que no se levantaría, pudo ver como alguno de ellos pasaba por la puerta que Rangiku les había señalado, pero no le dio importancia, ante ella había algo más de lo que preocuparse, si las cosas seguían así, era más peligroso mantenerse unidos que el que ellos huyeran por su cuenta. La pura sangre tenía una idea, si era lo que parecía, todo podía ir en buen camino. Tras la huída repentina del peliblanco y su semejanza con un animal asustado, Kairi había comenzado a pensar que él era eso, un "animal" o algo que se comportaba como tal, quería comprobar si su suposición era acertada, si probaba a tratarle de ese modo y resultaba bien. Detuvo sus pasos a escasos metros y lanzó una mirada asesina que hizo que todos aquellos que se estaban acercando al escondite retrocedieran rápidamente. Nadie había visto a Kairi tan seria, jamás. Puso las manos en alto, tratando de mostrar que no tenía malas intenciones.
-No te haré daño, solo quiero ayudarte ¿de acuerdo? -decía con voz suave, aunque no sabía si podía entender sus palabras. Se acercaba paso a paso, muy despacio y agachandose a medida que avanzaba, quedandose frente a él, a la misma altura- Voy a curarte el brazo, si sigue así se pondrá peor, no queremos que se quede así para siempre y no puedas moverlo ¿verdad? -decirlo era más sencillo que hacerlo, el suyo propio no estaba en buenas condiciones y temía que en cuanto le tocara, él se lanzara a morderla de nuevo. Respiró hondo y apoyo sus manos con suavidad en la extremidad del peliblanco, sabía que en cuanto le colocara el hueso podría atacarla, era muy doloroso y no estaba segura de que él fuera a atenerse a razones, así que decidió hacerlo rápido, nunca había realizado ese procedimiento sin anestesia o algo que disminuyera el dolor, ni siquiera en los peores momentos.- Puede que duela un poco, pero es necesario -Movió los hilos de su mente para dejarlo paralizado durante unos breves instantes. Rasgó parte de la falda de su vestido antes de nada, aunque dudaba que fuera a darle tiempo para vendarle, volvió a apoyar las manos en su brazo y lo más rápido que pudo lo desplazó para colocarlo en el hombro de nuevo, pero quedaba lo peor, el codo estaba en mal estado y eso dolería mucho más, casi sin pensarlo se ocupó de colocarlo y vendarlo temiendo la reacción que tendría ante aquello en el momento en el que le liberó de su atadura mental.



~ Someday I'll grant both our wishes with my own hands~

   
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Re: Grupo 3 [Sótano del hotel]

Mensaje por Ziel A. Carphatia el Miér Sep 16, 2015 11:39 am

Los objetos continuaban cayendo alrededor del neófito, sin importar a sus lanzadores en dónde lo golpearan mientras hicieran blanco en él.  Se hallaba escondido detrás del electrodoméstico aún, gruñendo salvajemente a todos aquellos humanos que trataban de lesionarle de gravedad o dejarle inconsciente. Sus orejas se encontraban gachas debido al miedo que le producía que realmente llegaran a matarlo y por precaución a que una éstas fuera quebrada con algún objeto volador. Aunque pareciera que el cachorro humano estuviera aterrado por la situación y a pesar de sus circunstancias, no se iba a rendir bajo unos miserables y débiles humanos que ahora pensaban tener el control de la situación. Pero bastaba con que él bebiera sangre, la suficiente como para que sus quemaduras consiguieran sanar rápidamente. Y entonces sería su turno de contraatacar. Entre tanto, lo mejor sería esperar por una posible víctima que se acercara en un arranque de compasión por el chico zorro, para así desmembrarla en poco tiempo y mientras, recuperar fuerzas durante la espera.

“Ziel”. Ese era el nombre del vehículo humano que un espíritu animal ocupaba, no del vampiro que propiamente tenían delante. Pero aun así, Rangiku Matsumoto lo había gritado, en un impulso de que soltara a la Pura Sangre. No importaba que le llamaran por su nombre, él no atendía a ninguna de sus peticiones. No sólo porque él no era su sirviente, sino que tampoco asociaba aquella extraña palabra a su persona. Todavía no comprendía su lenguaje, tan sólo continuaba observando su comportamiento, estudiándoles e intentando averiguar qué hacía alguien como él rodeado de toda esa gente que creía conocerle. ¿Acaso él en su día conoció el idioma humano? ¿Alguna vez formó parte de su comunidad? Efectivamente, tal y como lo sospechaba Ziel, una vez también tuvo un hermano, tuvo amigos e incluso pareja. Dio tanto amor que apenas quedó vacío por dentro, aunque toda recompensa lograba guardarla bien hondo. Pero, desgraciadamente, todo había ido desapareciendo con cada secuestro. Su hermano, sus amigos, su pareja no fue menos. E incluso éstos, ahora pensaban que estaba muerto, hecho cenizas. Y sus ojos claros y acuosos como el cielo, su sonrisa, sus palabras amables, así como toda la capacidad para dar sin necesidad de recibir, acabaron por desaparecer finalmente. Él ya no era capaz de ser el de antes, no únicamente porque fuera un vampiro mezclado con un ser totalmente desconocido. Ya no conservaba esa tonalidad de iris sino que ahora eran dispares. Ni siquiera creía poder ser capaz de reír, de llorar de nuevo y mucho menos después de haber vivido un verdadero calvario dentro de esos laboratorios. Una inmensa huella se había quedado tatuada sobre su alma; sólo que esa marca por suerte, la había olvidado. Aun así, eso no devolvió todo lo que los cazadores se llevaron. Tal vez ni su libertad pudiera adjudicársela. ¿Y qué le quedaba a este chico? Ya no podía decir que su nombre significaba “cielo” y que por eso su cabello y ojos pertenecían al mismo color de éste, porque justamente, su preciado cielo terminó por agrietarse y desmoronarse hasta mostrar la más oscura penumbra, la cual se reflejaba en sus ojos felinos.

Y de repente, los objetos dejaron de caer sobre el electrodoméstico y su cabeza. Aquel grito de Matsumoto pareció sembrar la paz en la guerra que tenían los alumnos contra el chico salvaje –no otro que uno de sus antiguos compañeros, el cual por ciertas circunstancias visibles, dejó la Academia por un tiempo-. Muchos de los humanos, asustados por la venganza del ser blanquecino, huyeron rápidamente por la puerta que la cazadora logró abrir, escaleras arriba. Ziel podría dar gracias a un débil ser como lo era la chica, suspirando levemente. Las orejas de su cabeza, bajaron sumisamente para admirar el silencio que de repente se inauguró. Sin embargo, cuatro vampiros nobles decidieron quedarse para vigilar la situación. Uno de ellos, terminó por irse con el resto del grupo para guiarlos hacia alguna salida. Otro, concretamente fue a socorrer a la pobre humana que estaba por perder la consciencia. En cambio, los que quedaban, miraron atentamente a la Pura Sangre, esperando por sus instrucciones.
-¡No se acerque Donovan-sama! – Exclamó uno de éstos, tratando de impedir que se acercara al ser indómito que se escondía detrás de un viejo frigorífico. – No conocemos lo que es por el momento y sabe que él es una amenaza. Por favor, no… - Demasiado tarde. Los vampiros se quedaron detrás de ella, expectantes, por si algo sucediera sin preverlo.

La joven Pura Sangre ya trataba de acercarse al híbrido de manera tranquila y aparentemente en son de paz. No obstante, en cuanto viera al chico, comprendería que él no tenía hábito constante con humano o en otra perspectiva, el trato que recibió de los humanos –o vampiros, igualmente-, no fuera precisamente el mejor de todos. Y por esto mismo, atacaba, para defenderse de ellos, para alejarlos, para procurar que le hicieran daño nuevamente o empeoraran las heridas a las que ya estaba sometido su cuerpo, culpa del Sol , la caída y los objetos voladores. Y Ziel se hallaba ahí, en completa oscuridad, semidesnudo, gruñendo sin cesar como un verdadero animal. Sus ojos dispares miraban atentamente a Kairi mientras se acercaba, retrocediendo él igualmente hacia atrás. Temblada como un sencillo animal cuando alguien extraño se le acerca. Las colas se escondían entre sus piernas atemorizado, así como sus orejas se camuflaban entre su melena blanquecina. Tenía miedo de ella, de que se aprovechara de su debilidad para contraatacar por dejarle el brazo en aquel estado. Y el peliblanco conocía que no lograría defenderse de Donovan y mucho menos de los otros tres vampiros que también permanecían en aquel sótano junto a ellos y Rangiku. ¿Qué podía hacer entonces?

Podría haber huido si no fuera porque uno de los nobles decidió acorralar al neófito al otro lado del electrodoméstico. Estaba rodeado. No podía hacer absolutamente nada. Y a cada palabra que su sanadora pronunciaba, el nerviosismo más atacaba al chico zorro, quien no creía salir de allí consciente. O quien sabe si muerto. De modo que, en un bufido enseñó sus colmillos entre los labios, advirtiéndola qué ocurriría si se acercaba más de ese metro y medio de distancia. Ziel estaba encogido, a pesar de todo, pues el espacio se veía completamente reducido por los dos vampiros dispuesto a atraparle –Kairi por un lado y el noble por el otro-; luego el miedo que surcaba su cuerpo se veía inversamente proporcional. Y por segunda vez, en un acto de valentía para defenderse, el más joven decidió abalanzarse sobre el cuerpo de la Pura Sangre para morderla. Sin embargo, cuando fue a hacer el movimiento, se vio interrumpido. Sus músculos no le respondían. Por arte de magia, su cuerpo dejó de responder a los impulsos de su cerebro. El pánico cundió en el indómito, puesto que comenzó a gemir, pidiendo algún tipo de clemencia o auxilio. ¡Ella seguramente lo mataría! ¡Un Pura sangre no tendría piedad! Y otra vez se vio sorprendido por Donovan. Tocaba su brazo con suma delicadeza, como si intentara pedir disculpas antes de lo que vendría a continuación. Y entonces… el dolor. Un dolor tan inaguantable, que, de haber podido, lloraría de angustia.

Los gemidos se hicieron cada vez más agudos, más largos y profundos. Una inmensa tortura se desplazaba por todo su cuerpo paralizado. Sentía como si le desgarraran el brazo de cuajo y es eso que únicamente le estaban recolocando los huesos en su correcto sentido. Los ojos del cachorro humano, miraban suplicantes a la que fue su rival anteriormente, rogando desde el interior de su ser que detuviera aquello rápido. Que le dejara inconsciente si era necesario, pero no quería continuar sufriendo por más tiempo. Y finalmente, el caos terminó. Una vez la parálisis que le adjudicaba Kairi, Ziel no consiguió aguantarlo por más tiempo. Quedó de rodillas, cual lacayo que espera que su señor no lo mande matar, esperando la horca o la muerte que esos vampiros nobles tuvieran pensada. Su cabeza cayó, sabiendo que había sido vencido por primera vez en su vida –aunque en la del peliblanco ya existiera más de una derrota en su contra-. Perdido y nauseabundo como estaba por las heridas y el dolor del brazo, levantó la mirada para clavarla en esos ojos azules. ¿Cómo iba a atacar a esa mujer? No podía. Era imposible se viera por donde se viera, pues por más que se esforzara nunca podría equivaler sus fuerzas –aun si tenía el brazo malherido-. Estaba débil no únicamente por todo lo físico, sino también mental por todas las personas que lo querían tener encerrado como un animal de circo; además de por el hambre, la sed, la falta de sueño.

Así, la fiera se desplomó en un intento de mantener el orgullo y levantarse. Necesitaba alimentarse, pero no logró siquiera dar un miserable paso. Y cayó de costado, con el rostro mirando hacia la pared. Su melena blanquecina cubrió parte de su rostro y cuerpo. No daba a más. Por mucho que intentara sobreponerse, él mismo sabía que éste era su límite. Llevaba semanas sin probar bocado, sin tomar más sangre que la de ese humano que perdió la vida al caer en el sótano. Por ello, su respiración se volvió sofocada por la sed que crecía a cada instante –a causa de la sangre de Rangiku, de Kairi, del resto de humanos que dejaron impregnado su olor en las baldosas manchadas de ese rojo intenso de sus venas-, por el cansancio y la amargura que le provocaba su brazo.

Uno de los vampiros que los acompañaban, sin embargo, decidió proteger a la Pura Sangre debido a su misión como noble. Ocultó con su cuerpo a Ziel y se dispuso a examinar su brazo para sanarlo cuanto antes.
-Puede tomar mi sangre si lo desea, Donovan-sama. – Dijo éste en una reverencia hacia la mujer que dominaba la sala –puesto que su fiel compañero Christian Blade permanecía aún inconsciente por la caída, siendo atendido por otro de los nobles-. – Déjelo, no merece su atención. Y debemos reunirnos con los demás. Por favor… - Indicó la salida que había encontrado la joven cazadora, mostrándole el camino que debía de seguir y no el de encargarse de la seguridad de esa fiera que osó a atacarla tan repentinamente. Pero, ¿qué interés tenían unos simples vampiros nobles con ese chico? ¿Acaso conocían su identidad, al igual que Rangiku Matsumoto? ¿Sería quizá que ellos estuvieran del bando enemigo –ya fuera la Nueva Asociación como el Consejo- y quisieran llevárselo para encerrarlo y continuar experimentando con él? Demasiadas preguntas. Demasiados enigmas por resolver. ¿Lograrían entonces hallar la verdad sobre lo que le ocurrió a Ziel Carphatia?



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Re: Grupo 3 [Sótano del hotel]

Mensaje por Christian Blade el Sáb Sep 19, 2015 2:49 am

Todo fue tan repentino que, durante la caída, apenas pudo alcanzar la mano de Kairi justo antes de que su cuerpo se golpeara fuertemente contra el suelo. Más precisamente, fue su cráneo el que padeció aquello. Un hilillo de sangre decoraba la blanca frente del joven Blade. Su espalda poseía rasguños causados por los rocosos muros, generados durante el suceso inesperado. Sin embargo, esto no era lo único. Christian se había roto el cuello, y esto era lo que en realidad le había generado tal inconsciencia. Llevaba así un buen rato, mientras todo acontecía a su alrededor; mientras los nervios, la incertidumbre y el peligro se apoderaban de todo. Aquel golpe y aquella fractura no hubiera sido un gran problema. Normalmente no demora más de unos pocos minutos en recomponerse. Pero, lamentablemente, Christian venía sin alimentarse bien durante semanas, y nadie sabía al respecto. Desde que Ziel y Fraiah fueron capturados nuevamente por su culpa, no pudo soportar la impotencia y el dolor; no pudo lidiar con el fracaso como hermano; con aquel sentimiento deplorable de sentir que les había fallado, a ellos, a Kairi, a Yagari... Y Christian, a pesar de su fuerza y poderío como Sangre Pura, escondía tras esa fuerte figura un alma sensible, angustiada, propensa a la depresión. Pero se esmeraba en ocultarlo, y hasta entonces no había fallado en su cometido. ¿Pero cómo explicaría esto? ¿Cómo explicaría esta reticencia de sus heridas para curarse? Sólo había una explicación para eso.

Lentamente abrió los ojos. En un principio todo era borroso. No obstante, pudo oír cómo el nombre de Kairi era pronunciado por una voz masculina. ¿Qué había ocurrido? ¿Qué fue de ellos durante la caída? Por un momento creyó que todo fue apenas un sueño. Pero allí estaban, quién sabe cuántos metros bajo tierra. Al girar un poco la cabeza, notó la mirada preocupada de un noble.
- Blade-sama -musitó, rápido, alterado. Miró a los demás, principalmente a Kairi-. Donovan-sama, ha despertado -dijo a continuación, veloz, al punto de que las palabras parecían querer quedar trabadas en su boca. Christian comenzó a erguirse, y el Noble se tomó el atrevimiento de obligarlo a recostarse otra vez-. Por favor, no se mueva -suplicó, pero el joven apartó sus manos con un movimiento certero. Comenzó a ponerse de pie, pero un quejido lo obligó a detenerse. Se llevó una mano al costado, y notó cómo la carmesí humedad teñía su blanco guante. El Noble abrió enormemente sus claros ojos-. ¡Blade-sama! -gritó, envuelto en pánico y preocupación.
- E-estoy bien...
- Por favor, quédese quieto, no se esfuerce...
- ¡Estoy bien! -acabó por determinar, elevando su voz y haciendo que esta retumbase en el sótano, atrayendo la atención de los presentes. A pesar de los esfuerzos del Noble, Christian se puso de pie y comenzó a avanzar hacia donde se encontraba Ziel. Podía sentir el aroma de todos los presentes. Cerró los ojos por un momento. La sangre de Kairi desprendía un aroma excesivamente intenso. También pudo sentir el inconfundible y atrayente aroma de la sangre de los humanos. Notó que pasaba a un lado de Rangiku y que ésta se encontraba herida también. Al ver hacia dónde se dirigía, aquel Noble insistió en seguirle a pesar de todo, pero el que estaba junto a Kairi lo detuvo. No tenían derecho a interponerse; no tenían derecho a contrariar así los deseos de un Sangre Pura.

Al cabo de unos segundos, Christian quiso arrodillarse junto a Ziel. Pero sus rodillas determinaron aquel gesto antes de que él decidiese efectuarlo. Se desplomó junto al chico, el cual le daba la espalda. Una de sus manos, la que estaba empapada en su propia sangre, tocó el hombro de Ziel. Lo movió un poco, hasta girarlo para que quedase boca arriba. Si continuaba en esa posición continuaría dañando aquel brazo malherido. Una mirada triste, afligida, inundó el semblante del honorable vampiro. Su noble corazón se sentía más culpable que nunca, pero ese era un sentimiento que sólo Ziel podría compartir con él, porque aquel joven de blanquecinos cabellos fue quien vivió su fracaso, quien observó sus ansias por protegerlos tanto a él como a Fraiah, aunque todo fue en vano. Christian frunció el ceño y se llevó su propia muñeca a la boca, mordiendo con intensidad. La sangre comenzó a emanar, y guió aquel manjar hasta la boca del joven cachorro. Ejerció algo de presión sobre sus labios, pero la herida había sido perfectamente abierta como para que el líquido vital fluyese sin problema hacia el exterior. Quizás nadie podría comprender aquello; tal vez nadie podría concebirlo, mucho menos los Nobles allí presentes. ¿Qué clase de injuria, herejía, era aquella? ¿Cómo un ser despreciable, impuro, como ese muchacho salvaje bebería directamente la deliciosa sangre de un Pura Sangre? Christian, no obstante, no miraba a nadie, ni siquiera a Kairi, pues ¿cómo iba a enfrentar sus azules ojos? Esta situación le recordó lo miserable que era; lo inútil y estúpido. Aunque por momentos parecía olvidarlo, en realidad ese sentimiento estaba siempre presente en él. Desde el día en que Ziel y Fraiah desaparecieron, no hizo otra cosa más que investigar en silencio, sin obtener nada como resultado. Su preocupación estaba puesta en lo ocurrido, pues se sentía único responsable de ello. Y resultaba que en este viaje ellos estaban allí, como una suerte de maldito espejismo, y así como los había visto fugazmente al pasar, en un instante todo volvió a desmoronarse. No sabía dónde estaba Fraiah... otra vez. Pero sí sabía dónde estaba Ziel. De hecho, estaba allí, delante de sus ojos, ¿y cómo iba a dejarlo sufrir? ¿Cómo podría abandonarlo a su suerte..? No podría perdonárselo de nuevo. Este viaje era de lo más extraño. No entendía aún qué hacían todos allí, pero al menos tenía que confiar en los hechos palpables que se sucedían uno a uno delante de sus ojos. Un humano había muerto ya. ¿Permitirían que otra víctima más se hiciera presente?

"Ziel, estoy aquí; no dejaré que te hagan daño de nuevo; déjame protegerte; permítenos llegar al fondo de esto... por ti, por Fraiah... Estamos juntos en esto"

Su voz resonó dentro de la mente del joven, ansiando que cediera, que confiase en él otra vez. Aunque probablemente no olvidase que su rostro fue lo último que vio antes de ser capturado otra vez. Sin embargo, si el destino lo ponía delante de él otra vez, era por una razón. Si al menos así podía hacer algo por él, no lo pensaría dos veces. Porque, además de ser capaz de ello, sabía perfectamente que estaba capacitado para ello. Su sangre lo estaba. Además de saciar su hambre, curaría cualquier herida y sanaría cualquier dolor. Aquel era su pequeño gran secreto, aquello que nadie excepto él sabía; era la única esperanza -descubierta hace muy poco- que transportaba, irónicamente, a través de esas venas colmadas de maldición desde el primer día de su inmortal vida.
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Re: Grupo 3 [Sótano del hotel]

Mensaje por Rangiku Matsumoto el Sáb Sep 26, 2015 10:34 pm

La gente pasaba por la puerta sin miramiento alguno. Los más heridos iban sujetos a algún compañero, haciendo su mayor esfuerzo por avanzar rápido y salir de allí. Muchos seguían dirigiéndole miradas desconfiadas al lugar en donde se había ocultado aquel extraño chico del pelo blanco, murmurando con asombro al ver que una joven, acompañada de un grupo de personas que parecían estar escoltándola, le hacía frente. Me aparté con toda la rapidez que pude de aquella puerta, salida del infierno o entrada directa, pues todos los que podían no habían tardado nada en abalanzarse hacia ella. Valiéndome de las pocas fuerzas que le quedaban a mis brazos, de arrastré un poco lejos del lugar, quedándome sentada en el suelo, con la espalda reposando en la fría pared. Cerré los ojos a la vez que bajaba la cabeza, algo mareada. Me pasé una mano por la cara, tratando de salir de mi aturdimiento... Pero aquello era mucho pedir para un cuerpo humano, ¿verdad? Mi condición no me permitía que, tras algo así, pudiese continuar tan fácilmente. Abrí los ojos y observé la mano que había pasado por mi rostro, hallándola cubierta de sangre. Volví a elevarla, buscando la herida de la que procedía, y una dolorosa punzada me indicó que ésta se encontraba un poco más arriba de la frente. Nerviosa, me limpié la sangre en la blusa que llevaba, mordiéndome el labio inferior a su vez. Volví el rostro de nuevo hacia el chico que me había caído encima, el cual seguía sin moverse. La angustia comenzaba a materializarse en lágrimas que amenazaban con comenzar a caer. ¿Qué podía hacer? ¿En qué más podía ayudar una simple humana que ni siquiera podía mantenerse en pie? Cabreada conmigo misma, me dispuse a acercarme al lugar donde había caído, en busca de mis dagas. Tenía la vista algo borrosa, y si a ese detalle le añadíamos la escasa luz que había, la tarea se complicaba aun más. Sin embargo, en cuanto hice el mínimo ademán de ir a moverme, una alta figura se interpuso en mi camino.

Alcé la mirada para poder verle la cara al que se me impedía moverme de allí. No hacía falta ser muy sagaz para darse cuenta de que se trataba de un vampiro noble. Inquieta, le dirigí una mirada desafiante, desconfiada, aunque poco podría hacer por defenderme en tales condiciones. Sin embargo, el noble se agachó y me hizo que volviese a recostarme contra la pared. En su rostro se podía advertir el fastidio de tener que estar atendiendo a una simple humana, y más aun a una cazadora. Dirigí la mirada hacia donde se encontraban Kairi y Ziel, y vi que a la Pura Sangre la rodeaban más nobles. Algo de alivio se instaló en mi pecho; aquel noble debía estar ayudándola a tratar de controlar la situación.- Gracias...- Musité, dirigiéndome hacia el vampiro que estaba a mi lado. Asintió de forma casi imperceptible y volvió el rostro hacia Kairi, observando con atención sus movimientos. Hice lo mismo, alzando los párpados al ver que se acercaba poco a poco a Ziel.- Kairi-sama...- Susurré, preocupada. ¿Y si Ziel volvía a atacarla pensando en que ella quería hacerle daño? No temía por la Pura Sangre, pues era lo suficientemente poderosa como para defenderse; pero sí temía por Ziel, y más aun viéndole en aquel estado. Me tapé la boca con las manos al ver el aspecto que presentaba su brazo herido, y la urgencia comenzó a invadirme. ¿Por qué tenía que estar pasando todo aquello? Seguí con atención los movimientos de ambos hasta que Kairi comenzó a tratar de recolocarle el codo. Aparté en aquel momento la vista, aun con la boca tapada con ambas manos, cerrando los ojos cuando los gemidos de dolor de Ziel comenzaron. Los segundos que duró la intervención de la Pura Sangre se me hicieron eternos, pues en cada gemido que se escapaba de la garganta de Ziel casi se podía decir que se palpaba el dolor que sufría. Abrí los ojos y volví a mirarlos a ambos cuando los quejidos dejaron de sonar, sobresaltándome al ver a Ziel en el suelo.- ¡Ziel! ¡¡Ziel!!- Grité, yendo a levantarme, pero el brazo del noble me lo impidió.- ¡Déjeme! ¡Déjeme ir!- Protesté, clavando mis pupilas en las suyas. El vampiro torció el gesto, fastidiado.- ¿Y se puede saber qué podrías hacer tú?- Soltó, frío y sagaz, observándome de lado de forma despectiva. Apreté los labios, sintiéndome estúpida e impotente. Aquellas palabras se me habían clavado como dagas heladas en el pecho. De nuevo, todos los comentarios de los demás cazadores, sus miradas de desaprobación... Todo aquello regresó a mi mente. Fuese a donde fuese, siempre habría alguien que me recordaría que estaba muy por debajo del nivel de la mayoría de los cazadores.

Unos murmullos se escucharon de fondo, captando la atención del noble. Con los ojos humedecidos y los labios aun apretados, alcé la mirada hacia donde comenzaban a arremolinarse algunos nobles más. Escuché la voz de uno de ellos tratando de llamar la atención de Kairi. ¿Qué pasaba? ¿Quién había despertado para que se armase tanto revuelo? El apellido de Blade hizo que me alarmase. El noble que estaba a mi lado me miró durante unos instantes, seguramente preguntándose por qué me había puesto tan tensa al escuchar aquellas voces, pero al poco volvió su atención hacia donde atendían a Christian. Por que sí, se trataba de él. Me quedé completamente quieta en donde estaba, petrificada, como si fuese una estatua. Pero... ¿Christian no estaba muy por detrás mía cuando comenzó a abrirse la brecha? Mis mejillas palidecieron de golpe, un sudor frío comenzó a instalarse por mi piel.- ¿Christian...sama...?- Murmuré, sintiendo que el labio me temblaba levemente.- Sí, ya se ha despertado. Llevaba un buen rato inconsciente, nos tenía preocupados...- Comenzó a decir el noble, quien no apartaba la mirada del Pura Sangre. Negué con la cabeza varias veces, tratando de alejar los horribles pensamientos que se pasaban por mi cabeza. Una de las lágrimas que llevaba rato tratando de detener se acabó escapando. No, no podía ser.- No...- Murmuré. Tenía la voz temblorosa, y los ojos completamente abiertos seguían fijos en el lugar en el que se encontraba Christian. El noble me miró, sin entender qué me pasaba, pero no dijo nada y ni siquiera fui consciente de aquel detalle. Tan solo podía pensar en que, si la brecha había alcanzado a Christian, era muy posible de que también hubiese alcanzado a Yagari. Un sollozo acabó rompiendo mi silencio, haciendo que el noble se voltease, alarmado, justo a tiempo de detener mi intento por lanzarme hacia delante.- ¡¡Déjame!! ¡¡SUÉLTAME!!- Grité, tratando de zafarme con todas las fuerzas que podía.- ¡Estate quieta! Maldita sea, ¡¿quieres quedarte quieta?!- Dijo el vampiro, sujetándome con ambos brazos, haciendo aun más notable la expresión de fastidio que había esbozado antes.- ¡¡¿Dónde está?!!- Le grité, para su sorpresa. Lo sujeté por los brazos con ambas manos, como si quisiera obligarle a que me mirase.- ¡¿Dónde está?!- Repetí, desesperada. El vampiro, sin entender nada, se zafó de mi agarre y volvió a sujetarme cuando intenté volver a moverme.- ¿Se puede saber qué...?- Fue a preguntar, pero volví a interrumpirle.- ¡¡Touga!! ¡¿Dónde está?! ¡¡Déjame verlo!!- Tenía el rostro completamente blanco, a excepción de las marcas de sangre seca que lo marcaban y las lágrimas que comenzaban a surcar mis mejillas.- ¿Qué? ¿Quién?- Soltó, completamente sorprendido por mi extraña reacción.- ¡Yagari Touga! ¡¿Dónde está?!- Respondí. Y, aprovechando su sorpresa, me escabullí de su agarre. Avancé a gatas unos cuantos pasos, pero me sujetó por un tobillo, haciendo que me estrellase contra el suelo de cara. Sollozando, seguí tirando para que me soltase, pero era un esfuerzo en vano.- Maldita sea, ¡tranquilízate ya!- Exclamó, harto de tener que cuidar a una cazadora presa de la histeria. Me pasé una mano por debajo de los ojos, secando las lágrimas, y miré hacia el frente.- ¡¡Touga!!- Grité, desesperada, esperando escucharle responder desde algún lado... De tan solo imaginar que había caído, de tan solo pensar que podía estar por allí tirado, herido... Y si estaba tenía que encontrarlo, tenía que asegurarme de que estuviese bien...- ¡Que pares!- Masculló en noble, recogiéndome con un brazo como si fuese un fardo y colocándome en mi sitio de antes. Anticipándose a mis gritos, me sujetó con brusquedad la cara.- ¡Escúchame! Si te refieres a vuestro Presidente no está aquí, ¿de acuerdo? ¿Lo has entendido?- Dijo sin ocultar su enfado. Su paciencia se había agotado completamente; un destello peligroso se había instalado en su mirada, y la mano con la que sujetaba mi rostro se había apretado bastante. Sin embargo, no reparé en aquellos detalles. Una vez que hube asimilado sus palabras, mis intentos por moverme cesaron.- No... no está...- Musité muy flojito, volviendo a dejar que mi espalda reposase contra la pared de piedra. Súbitamente, un sollozo de alivio hizo que me encogiese sobre mí misma, haciendo que el noble soltase una exclamación de exasperación.- No ha caído...- Me repetí a mí misma, frotándome las mejillas para volver a secarlas.

Una exclamación de sorpresa hizo que levantase la cara.- ¡¡Blade-sama!!- Gritó el noble que estaba a mi lado, entre sorprendido y escandalizado. Miré hacia el lugar en el que se encontraban Christian y Ziel, alzando los párpados al ver que Christian se mordía la muñeca. Obviamente, aunque para mí solo se tratase de un intento por parte del Pura Sangre de ayudar al pobre neófito, el resto de vampiros de aquel lugar comenzó a escandalizarse por aquel acto.- Increíble. ¡Increíble!- Exclamó el vampiro, alejándose de donde estábamos, dejándome sentada en aquel lugar.- Pero... ¡no está haciendo nada malo!- Me atreví a decir. El noble se volvió hacia mí con la sed de sangre brillando en sus pupilas, pero se volvió a dar la vuelta.- ¡Es una situación desesperada!- Insistí, a lo que el vampiro se volteó completamente y avanzó hacia mí. Sin saber qué tipo de intuición fue la que usé, me dejé caer hacia un lado a la vez que el puño del noble se incrustaba justo en el lugar en el que había estado mi cara un instante antes.- ¡CÁLLATE!- Rugió, dirigiéndome una mirada que helaría hasta el mismísimo infierno. Fruncí el ceño, aun tumbada de lado en el suelo.- ¡Esto es inadmisible!- Dijo tras darse la vuelta y volver a alejarse, esta vez de forma definitiva. Miré hacia arriba y encontré una marca en la piedra, justo donde había dado el golpe. Volví la mirada hacia donde estaba Christian, preocupada.

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Re: Grupo 3 [Sótano del hotel]

Mensaje por Kairi Donovan el Jue Nov 12, 2015 8:15 pm

La joven pura sangre notó de golpe el dolor de las heridas, había estado concentrada en ayudar a Ziel y apenas había notado aquella terrible herida que adornaba su brazo. No sintió que la sala estaba impregnada con el olor de su sangre, ni que su vestido ya no era del color que solía, ni que los guantes con los que había tratado de evitar el contacto directo del sol habían sido reducidos a jirones, no, había estado demasiado pendiente del extraño “animal”, tanto, que cuando por fin fue golpeada por el dolor y la falta de alimento le fallaron las piernas y volvió a caer al suelo mientras trataba de alejarse un poco.

Un vampiro noble apareció frente a ella, que notaba el ligero mareo que conllevaba aquella gran pérdida de sangre. Nunca había soportado aquel peloteo que siempre llevaban los nobles con los pura sangre, le parecía tan interesado y falso que solo lo había aprovechado años atrás, cuando su moralidad era ligeramente cuestionable. Los ojos azules de ella se quedaron fijos en aquel rostro, aparentemente amable, que casi rogaba que  se alimentara, en cualquier otra condición habría rechazado educadamente tal ofrecimiento, pues ella consideraba demasiado íntimo el alimentarse de otra persona, pero en aquel instante lo necesitaba desesperadamente, la vista comenzaba a nublársele así que casi sin ningún tipo de miramiento, tomó la muñeca del vampiro y clavó sus colmillos con toda la delicadeza que el hambre le permitió, que no fue demasiada. Sus ojos adquirieron un tono carmesí al momento. A medida que succionaba comenzaba a sentir como poco a poco la quemazón de la garganta desaparecía, se detuvo rápidamente, había tomado lo justo para poder continuar con su camino y lo que quisiera que les deparara aquel oscuro sótano. Al momento de apartarse se arrepintió de lo que había hecho, estaba segura de que tendría que escuchar comentarios de aquel noble por un largo tiempo, seguro que se regodeaba de lo que acababa de suceder. Suspiró, ya era demasiado tarde para arrepentirse. Negó con la cabeza cuando habló de irse y abandonar al peliblanco a su suerte.
-Reúnete tú con ellos si lo deseas, hay cosas de las que ocuparse antes, deberías hacer algo útil y ayudar a los humanos –respondió con severidad- Creo que ya tengo una edad como para saber qué debo hacer y qué no.  –le dedicó una sonrisa angelical que dejó al vampiro sin respuesta posible.

El revuelo que se formó a sus espaldas  la distrajo de esa absurda e innecesaria conversación. ¿Christian? ¿Había caído con ellos? Se sintió invadida por la culpabilidad de no haberse preocupado de su amado durante los largos minutos que llevaban allí abajo…Se giró para mirar hacía el lugar donde estaba, escrutando la oscuridad en su busca, mientras sus ojos poco a poco retornaban a su color original. Quiso levantarse y correr a ayudarlo, apartar a aquel noble interesado de él, pero de eso se ocupó el solo, apenas tuvo tiempo de ponerse de pie antes de que Christian echara a andar hacia Ziel.  A sus oídos llegaban los gritos y las protestas de Rangiku, que parecía desesperada por encontrar a alguien que por fortuna no se encontraba entre los que allí abajo estaban. Estuvo a punto de volverse y tratar de tranquilizarla, pero su atención fue captada por la escena que ocurría frente a ella. Sus ojos se abrieron de par en par al ver lo que ocurría, pero por una razón totalmente diferente a la que causó la misma reacción en los nobles allí presentes. Christian estaba débil, hacer eso lo debilitaría aún más, no era buena idea, pero aunque deseaba detenerlo sabía que era algo que no debía hacer…A su mente vino la noche de su reencuentro, donde supo lo acontecido en su ausencia, ahora que –gracias a los gritos y las veces que habían pronunciado aquel nombre- conocía la identidad de aquel ser, había decidido ayudar en lo que pudiera.

Escuchó los pasos de uno de los nobles que se encaminaba hacia allá dispuesto a detener aquella aberración. La mano sana de Kairi aferró su muñeca antes de que pudiera dar un paso más. Los ojos de la pura sangre centellearon al clavarse en los del vampiro, todo rastro de amabilidad había desaparecido de su mirada, los ojos de la morena reflejaron por un instante la edad que tenían, dejando claro que a pesar de su apariencia juvenil, había vivido más que todos los presentes juntos, mucho más.

-No te acerques –siseó para después soltar el brazo que había agarrado. Expresiones como aquella eran las que conseguían que en momentos así hasta el más rebelde acatara las órdenes de los pura sangre. El noble retrocedió y los otros que había cerca se apresuraron a imitarle. La seriedad de su rostro desapareció al ver aquello y, de nuevo, una cordial sonrisa apareció en su expresión, como si siempre hubiera estado ahí- Ahora, me gustaría que dejarais de incordiar y os ocuparais de ayudar a los pobres humanos, si a alguno se le ocurre hacerles aunque sea un simple rasguño, me ocuparé personalmente de que no vuelva a hacerlo ¿de acuerdo? – anunció- ¡Sí, Donovan-sama! –respondieron antes de inclinarse y apresurarse a cumplir las órdenes. Ella observó cómo desaparecían por la puerta, tenía sus reservas acerca de si harían lo que les había pedido, pero mientras no molestaran por unos minutos, todo estaría bien ¿verdad?

Rozó con suavidad el hombro de Christian durante tan solo un breve instante, luego se ocuparía de él, no sabía cómo podría reaccionar Ziel ante lo que estaba ocurriendo, así que lo mejor sería dejárselo a él, no obstante, se mantendría cerca para ayudar si fuera necesario, pero en ese momento había alguien que también requería atención. Tenían que ponerse en marcha cuanto antes, así que tenía que asegurarse que todos estaban en “buenas” condiciones, con que todo el mundo pudiera moverse todo estaría bien. Caminó todo lo rápido que pudo –que no era demasiado- hacia la humana que aún permanecía allí y se arrodilló frente a ella, observando en busca de alguna herida o algo que necesitara atención inmediata- ¿Te ha hecho daño, Rangiku? ¿Estás herida?



~ Someday I'll grant both our wishes with my own hands~

   
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Re: Grupo 3 [Sótano del hotel]

Mensaje por Ziel A. Carphatia el Lun Dic 07, 2015 9:48 pm

Sus ojos querían cerrarse lentamente, ocultando el color brillante de sus ojos dispares en color. Ziel estaba aún tirado en el suelo como el animal que era, dolorido, cansado a más no poder. Finalmente había encontrado la pared para detenerse, aun si eso únicamente sucediera cuando su cuerpo estaba sobrepasando el verdadero límite. Y sobre todo, se hallaba hambriento. Mirando hacia la pared, oculto entre blancos y puros mechones de su largo cabello, la fiera estaba desesperándose  por completo, ansioso por cometer un asesinato más para alimentarse. ¿Y cómo no? La necesidad llamaba a su puerta entre golpes. Más de una veintena de olores entraban por su nariz y le despertaba unas ansias de beber sangre, de comer cualquier cosa que se pusiera en su camino –incluso si se trataba de un cuerpo humano, no poseía escrúpulos en este aspecto-; tanto que creía enloquecer. De ahí que su respiración se sofocara tanto hasta parecer que estaba realmente ahogándose como un humano normal, que le costara incluso mantener la consciencia o no parara de morderse el labio por la tensión que este ambiente significaba para él.

Sin embargo, era incapaz de moverse. El cuerpo de Ziel Carphatia no conseguía dar mucho más de sí. El hecho simplemente de que aún fuera un vampiro neófito, provocaba toda esa derrochadora energía que demostraba a momentos, que la sed se volviera tan desesperante y desgarradora que le hiciera perder la razón. Ahora, además, se instaló en su cuerpo una esencia totalmente del exterior y desconocida para él, lo cual provocaba que se fatigara en menos tiempo del anterior, debido al acarreo de ambas naturalezas tan contrarias entre sí. De lo contrario, esos vampiros nobles, Rangiku, Kairi y hasta el propio Christian, podrían haberse convertido ya en simples cuerpos sin vida o cenizas, respectivamente. O puede que el sufrimiento y el calvario que soportaba el chico durante los últimos meses, terminara tan dulcemente con la muerte de una vez por todas. Tal vez era lo mejor que pudiera desear alguien como él, quien apenas se conformaba con un par de gestos amables. Pero ya no quedaba rastro alguno de todo ese buen corazón que una vez caracterizó a Ziel. Los cazadores se encargaron de exterminar cada buen sentimiento y retorcerlo cuanto más mejor, para así crear un verdadero animal salvaje, un inconsciente depredador al que le corroe perseguir a su presa, sin miramiento, sin ninguna clase de escrúpulos de acabar con una vida entre sus manos llenas de sangre. Eso era lo que habían conseguido los desertores con sus maltratos, sus gritos, sus profanaciones. Enloquecerle, destrozar cualquier tipo de ilusión que albergara en el fondo de su corazón. Un arma para matar descabelladamente. Y junto a él, su preciado amado, ejerciendo de asesino a sueldo entre las sombras.
Y al mirar a aquel ser que representaba la bondad humana, con sus cabellos blanquecinos largos y enredados como el salvaje que ahora era, al percibir el color de sus ojos tan asesinos y fieros, podían darse cuenta de que aquel chico no era Ziel, después de todo. Aun si él continuara vivo de cierta manera, ya no resultaba ser el mismo ser que una vez fue. ¿Dónde quedarían entonces todos sus recuerdos, todas sus sonrisas, todos los besos y las ilusiones? En el fondo de un oscuro cajón cerrado con llave.

En cambio… la salvación llegó de unos ojos que conocía bien. Christian Blade. Ahí estaba él, el símbolo de su confianza perdida con los vampiros y toda especie semejante a su forma humana, regresando para hallarle de nuevo. Su cuerpo fue girando por su mano, suavemente, con delicadeza, ya que un simple gesto algo brusco significaría el ataque de los colmillos de Ziel. Y entonces, podría ver cómo los ojos del peliblanco hervían en color carmesí, deseoso por un manjar como el de sus venas de Pura Sangre. Se clavaron directamente sobre los valerosos del osado a tocarle por segunda vez. ¿Acaso iba a matarlo? Que se diera prisa, pues. Y sus dientes comenzaron a asomarse por entre sus labios, sin parar de mirar al vampiro en visible debilidad. Por eso Chris debía permanecer calmo, sumiso y tranquilo, asegurarse de no establecer demasiado contacto con sus ojos para no incitar a una pelea entre ambos, a una negación de la sangre que estaba a punto de darle. De otra forma, nadie conocía cómo pudiera reaccionar el cachorro cuando recuperara fuerzas. Pero he ahí su acto de fe con él, de su prueba de fuego para comprender un poco más a aquel ser desdichado y maldecido por el Destino.

Su muñeca fue puesta finalmente sobre su boca. La sangre comenzó a inundar su boca, tan deseosa y ardiente por la sed. El peliblanco cerró suavemente los ojos, dejándose alimentar lentamente, disfrutando de la agradable y armoniosa sensación de ver cómo su hambre y necesidad desaparecían, junto con el dolor incesante de su brazo. Las quemaduras provocadas por el sol, también desaparecían lentamente de su cuerpo, cicatrizándose gracias a tal manjar. ¿Existía algún paraíso mejor que éste? La sensación nauseabunda se instalaba por todo su ser, haciéndole recuperar las fuerzas expiradas de su cuerpo. En cuanto empezó este proceso, su boca se abrió más para cubrir más zona de su muñeca y terminar por morderle intensamente. Una de sus manos, incluso trepó por las ropas de Christian, agarrando la tela de su camisa, suplicante. Necesitaba más, mucho más. Anhelaba más de esta sangre maldita e intensa en sabor, pese a que el Pura Sangre fuera un traidor para él. Mientras, los vampiros nobles se horrorizaron con la escena a la primera gota. ¿Cómo iba un hereje, un simple cruce de razas, impuro él, a beber de la preciada sangre de tal vampiro? Impensable para todos ellos. Por eso se abalanzaron sobre ambos para detener aquel crimen que cometían. No obstante, Kairi Donovan, los detuvo antes de que uno de ellos llegara a rozar uno solo de sus cabellos. ¿Acaso pensaban enfrentarse a dos Pura Sangre y un híbrido del que apenas conocían datos?

Ziel decidió abrir los ojos con la misma lentitud con la que los cerró. El color carmín intenso en el que brillaban sus iris, ahora había cambiado por un azul y un amarillo igual o más fieros de lo que eran antes. Sus colmillos se separaron de la muñeca que le proporcionaba alimento. Era un animal, después de todo y conocía la debilidad de Chris con sólo beber de él. Había pagado por sus pecados de la vez anterior, luego obtendría el lujo de continuar viviendo por ese atrevido ofrecimiento. Comenzó entonces a incorporarse, moviendo con sigilo sus colas, sin dejar de mirar a aquel que trataba de poner en duda la palabra de Donovan, a diferencia del resto, quienes pensaron en acatar sus mandatos e ir a ayudar a los humanos de los pisos superiores. Sin embargo, no tendría piedad sobre aquel que no quería su progreso y seguridad. Escoria como aquella no tenía derecho a pisar el mismo suelo que él. Por eso, en un veloz movimiento, se levantó y cargó contra él. Su cuerpo se sentía liviano, rápido, ágil, igual que como lo conoció al despertar en los laboratorios. Sin dificultad lo derribó en el suelo, posicionándose sin preocuparse si los otros tres decidían señalarle como objetivo tras regresar.  Y en esa posición, alzó su mano para atravesar su corazón en un solo golpe. Pero… algo lo detuvo antes de atravesarlo.

Los recuerdos que vivían debajo de él.

Se vio bloqueado de repente. Sus ojos se quedaron como platos, sin entender nuevamente lo que sucedía con su cuerpo. Y es que, la sangre que había bebido, le transportaban algunas imágenes de Christian sin querer. De ahí a que algo encendiera el interruptor dentro de él. Porque, si nadie lo reconoció, Ziel estaba ejecutando un movimiento que había visto en numerables ocasiones de la mano de uno de los vampiros más fuertes actualmente en el pueblo: Marcus O’Conell. El sabor metálico de la sangre ofrecida a su persona, se intensificó sobre su boca, convirtiéndose en algo desagradable incluso. ¿Por qué? ¿Por qué le ocurría esto a él? Porque aquella no era la sangre de Marcus, no era su manjar preferido entre todos los que podía escoger. Porque el neófito tampoco era un asesino, ya que se odiaría a sí mismo por el resto de sus días. Y sin darse cuenta, así es como Marcus mató a más de uno que osó a interponerse entre ambos, lo cual el peliazul, quien presenciaba estos crímenes –los cuales apenas logró borrar de su mente alguna vez-, terminó por ejecutar los mismos movimientos de él, la misma sangre fría, el mismo pudor de asesinar a alguien que no tiene ocasión de defenderse. O sí, dado que en el momento de debilidad del Salvaje, inició el contraataque, enviando a Ziel contra una de las paredes para salir huyendo, justo a pocos metros de Rangiku y Kairi. Pero, ¿por qué huía ahora el Noble?

Quizá porque finalmente, se teme a los pecados cometidos en el pasado.



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Re: Grupo 3 [Sótano del hotel]

Mensaje por Christian Blade el Vie Ene 01, 2016 6:10 pm

Allí estaba nuevamente. Aunque Christian creyera que en el fondo sólo frecuentaba pecados indecibles y mentiras profesadas como el mejor consejo, no podía ocultar el ser noble que en verdad era. Y quizás por eso le dolía tanto todo aquello que tenía guardado bajo llave en la coraza de su pecho; aquello que apenas sabía Kairi, esa parte de él que casi nadie conocía pero que, sin embargo, todos abrazaban ingenuamente. No, él no era un héroe, ni mucho menos una buena persona. Pues, ¿qué clase de buena persona mataría a su padre y hermana? Pero él tampoco había deseado llevar esta fuerte carga en las venas, y eso era algo que no podía cambiar. Pero lo que sí podía remediar, era el sufrimiento que estaba atravesando Ziel. Al menos a él podía salvarlo, incluso por no haberlo hecho antes y por haber permitido que todo le saliese tan pésimamente mal.

Oía los gritos, y reconocía aquella voz. Rangiku provocaba que sus cuerdas vocales azotasen aquel recóndito sitio bajo tierra. Sin embargo, Christian estaba muy concentrado en su objetivo. Era como si todo a su alrededor se detuviera, o simplemente avanzase en cámara lenta. Los Nobles allí presentes unían sus voces a la de la humana, provocando aún más revuelta de la que ya había. Sintió una cálida mano posándose en su hombro. Era ella, y estaba allí brindándole su apoyo con un gesto tan sencillo como tan inmenso. Sabía que había mucho que hablar, que existían muchas cosas que tal vez ella necesitase saber del mismo modo que probablemente Kairi tuviera cosas para comentarle, pero ya todo llegaría a su tiempo. Las prioridades, eran las prioridades, y Christian no iba a permitir que ninguno de los presentes muriera, ni siquiera al que la mayoría allí presentes consideraban como un ser indigno de vivir.

La sangre comenzó a fluir. Christian ya se encontraba muy débil a causa de llevar tiempo sin alimentarse apropiadamente. Sin embargo, no desistiría de su misión. Al menos esta  vez, quería hacer algo por Ziel. Sintió cómo aquel brebaje que recorría sus venas era expulsado rápidamente de estas. Primero, lentamente; luego, con una velocidad atroz. El joven Blade cerró los ojos por un momento. A pesar de que era fuerte, un leve mareo lo invadió. Sentía cómo debajo del guante que cubría su mano derecha -la que no estaba tendida hacia Ziel para que bebiera-, ésta latía guiada por los tatuajes que la adornaban. Estaba llegando a un límite, y para su suerte, Ziel dejó de beber justo en él. Christian no apartó la mirada de él ni un segundo, salvo aquel en donde decidió parpadear con parsimonia. Sus ojos ámbar se clavaron en el iris dorado del chico. Había alguien allí, alguien que ninguno de los presentes conocía; alguien que no era Ziel pero que, a pesar de todo, lo era de algún modo extraño e incongruente. Y, en cuanto el muchacho se levantó, Christian se inclinó hacia adelante, apoyando ambas manos en el suelo para sostenerse. Varias gotas de sangre comenzaron a caer, adornando la suciedad de aquel lugar lleno de escombros y polvo. La herida de su cabeza no cicatrizaba, lo cual era obvio y evidente, pero Christian estaba bien. Se curaría. Demoraría más tiempo, pero lo haría. Ahora no tenía tiempo para descansar, pues tenía que culminar lo que había empezado.

Se puso de pie y volteó su rostro para ver lo que ocurría. Al ver cómo de repente el Noble mandaba lejos a Ziel, la gota que faltaba para rebalsar el vaso de paciencia que Christian tenía respecto a ese sujeto, acabó por caer dentro de él. Olvidándose de todo dolor y debilidad, arrasó el espacio que los separaba con una velocidad descomunal, sujetando a aquel vampiro de su nuca. De un ágil y poco delicado movimiento, lo estrelló contra un muro. Aplastó su cabeza con una mano, sosteniéndolo firmemente, para luego obligarlo a voltear y que lo mirase a los ojos. No sólo se encargaría de él por lo que acababa de hacer con Ziel y por su poca cooperación, sino que también lo hacía por atreverse a golpear a Rangiku, por pretender tener algún poder sobre Kairi para decirle lo que debe o no debe hacer y, desde luego, por su absoluta inoperancia. Los motivos sobraban, ¿verdad? Pero el caso era si él tendría algún argumento viable con el cual defenderse. Francamente, lo dudaba.

Otro de los Nobles presentes quiso intervenir, pero Christian lo mandó lejos con tan sólo una mirada de feroz advertencia. Él podía ser muy amable y caballero, hasta que se metían con las personas que le importaban. El Noble estaba en silencio, observándolo mientras Christian estrangulaba sin miramientos su cuello. Su mano ascendió hasta el rostro del mismo, presionando sus mejillas con brutalidad. Lo obligó a sostenerle la mirada mientras los iris se tornaban de un tono oscuro y turbio.
- Si quieres permanecer con vida aquí abajo, harás lo que digamos -dijo con seguridad y determinación-. Cumplirás con tu deber ahora incluso sin preguntar ni replicar, pues acabas de perder ese derecho -continuó, atravesándolo sus pupilas como dos dagas envenenadas-. Y la próxima vez que siquiera le dirijas una palabra -comenzó a decir refiriéndose a Kairi-, te arrancaré la lengua.

Lo soltó con desprecio y su mirada demoró unos segundos en volver a la normalidad, a aquel color dorado y amable de siempre. Probablemente las veces que los presentes lo habían visto así eran pocas o nulas. Sólo Kairi había tenido "el privilegio" de ver esa faceta feroz en él alguna desdichada y miserable vez donde la Pura Sangre casi pierde su vida, pero para suerte de los presentes en esta ocasión era diez veces menor la magnitud de su hostilidad, por lo que todos estaban a salvo respecto de él. Christian no hizo contacto visual con ninguno de los presentes, ni siquiera con Kairi. El único movimiento que ejecutó fue acercarse al sitio que profesaba la salida de aquel lugar. Examinó el hueco, apoyando ambas manos sobre la pared. Los Nobles, por su parte, comenzaron a accionar y a pensar soluciones y evaluar posibles alternativas de escape. La respiración de Christian era algo agitada, pero logró calmarse al instante. De reojo, miró a Kairi. Le dedicó una ínfima y casi imperceptible sonrisa. Lo que menos quería ahora era preocuparla. Suficientes preocupaciones tenían ya allí abajo. A continuación, miró a Ziel de reojo. Había recibido un buen golpe, pero estaba seguro de que con la sangre que le había proporcionado sus energías serían suficientes como para restablecerse. Christian irguió su cuerpo y, tras soltar un suspiro, examinó aquella puerta vieja y corroída por el tiempo. Alguien debía entrar, ¿no? Era preciso saber qué había al otro lado, y por su parte no pretendía arriesgar la vida de ninguno de los presentes. Lo haría él.
- Iré a ver qué hay allí -murmuró, grave y serio-. Esperen aquí -sugirió. Estaba muy oscuro del otro lado, y los humanos no serían bien recibidos en un lugar desconocido donde no sabían qué clase de suelo pisaban. Por eso, dio el primer paso. Lentamente, comenzó a internarse en esa oscuridad. Tal vez aquel escenario fuera propicio para mimetizarse con lo renegrida que sentía el alma en ese día.
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